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revista de libros


Edición impresa |  LIBROS

Cuatro nocturnos

J. M. Benítez Ariza

Pre-Textos. 56 páginas, 9 euros

  • Resultados:

José Luis GARCÍA MARTÍN | Publicado el 24/02/2005

“Segundo cuaderno de Zahara” se subtitula el último libro de Benítez Ariza, señalando así lo que tienen de prolongación de la entrega anterior, Cuaderno de Zahara (2002). Benítez Ariza -narrador, traductor, ensayista ejemplar- se inicia como poeta en una línea de realismo irónico, de ahondamiento en lo cotidiano para desvelar su carácter fantasmagórico, de lúcido analista de la comedia de las equivocaciones que son las relaciones humanas. Progresivamente su poesía se irá haciendo menos anecdótica, pero nunca abandonará los referentes concretos como base de la meditación. Del laberinto pantanoso de los cañaverales de Zahara y también del laberinto que es cualquier ciudad y cualquier vida hablan estos Cuatro nocturnos (“El cañaveral” se titula el primero de ellos); también de los becquerianos “misteriosos abismos que separan/la vigilia del sueño”. “Duermevela y pájaros”, el segundo de los nocturnos, termina con un explícito homenaje: “Un pájaro que canta de este lado/ del filo que separa la vigilia del sueño,/en respuesta al que canta todavía/en tu conciencia a medio despertar”.

En “Islas” el habitual demorado decir en endecasílabos y heptasílabos blancos de Benítez Ariza -hay la excepción de un soneto que busca pasar inadvertido, como casi todos los suyos- se condensa en haikus: “Isla inminente/entrevista en la bruma./Sueño de pájaros”. El lector agradece este remanso en un poema (un único poema dividido en partes a veces casi independientes es cada uno de los nocturnos) que habla del deseo: “Isla dormida./Entre el cielo y el mar/callan los pájaros”. El último de los nocturnos, “Aniversario”, es una recapitulación vital al cumplir los cuarenta años: “A esta edad, muchos tienen casa propia;/a esta edad, casi todos tienen hijos;/a esta edad, muchos sienten una extraña/mezcla de complacencia y decepción/ante el estado de sus vidas”. Una extraña mezcla de inteligencia y grisura, de lirismo y tedio, caracteriza estos Cuatro nocturnos y la poesía toda de José Manuel Benítez Ariza.





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J. M. Benítez Ariza. Foto: Jaro Muñoz