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José Luis GARCÍA MARTÍN | Publicado el 24/02/2005
Segundo cuaderno de Zahara se subtitula el último libro de Benítez Ariza, señalando así lo que tienen de prolongación de la entrega anterior, Cuaderno de Zahara (2002). Benítez Ariza -narrador, traductor, ensayista ejemplar- se inicia como poeta en una línea de realismo irónico, de ahondamiento en lo cotidiano para desvelar su carácter fantasmagórico, de lúcido analista de la comedia de las equivocaciones que son las relaciones humanas. Progresivamente su poesía se irá haciendo menos anecdótica, pero nunca abandonará los referentes concretos como base de la meditación. Del laberinto pantanoso de los cañaverales de Zahara y también del laberinto que es cualquier ciudad y cualquier vida hablan estos Cuatro nocturnos (El cañaveral se titula el primero de ellos); también de los becquerianos misteriosos abismos que separan/la vigilia del sueño. Duermevela y pájaros, el segundo de los nocturnos, termina con un explícito homenaje: Un pájaro que canta de este lado/ del filo que separa la vigilia del sueño,/en respuesta al que canta todavía/en tu conciencia a medio despertar.









J. M. Benítez Ariza. Foto: Jaro Muñoz