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En un lugar del Atlántico

Fatou Diome

Trad. M. Serrat. Lumen. 271 págs, 18’50 euros

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JACINTA CREMADES | Publicado el 28/04/2005 |  Ver el número en PDF

El título de la primera novela de la senegalesa Fatou Diome, En un lugar del Atlántico, es amplio para un pueblo tan pequeño. Isla en frente de Dakar, sus habitantes viven arrullados por un mar fiero de quietud engañadora. Reina la pobreza, pero es bien diferente a la pobreza de una ciudad, pues en la isla no hay que buscar una casa en la que dormir. Aquí creció Salie, que da voz, probablemente, a las ideas de la escritora también afincada en Europa, estudiante de literatura y con recuerdos africanos. Desde la isla, su hermanastro Madické le obliga a narrarle por teléfono todos los partidos de fútbol. Muchos jugadores senegaleses han triunfado en Europa, o al menos eso piensa el grupo de niños del pueblo que se entrena sin piedad para partir un día a la tierra prometida. La llegada gloriosa de los que consiguieron marcharse y tienen ahora televisión y una mujer guapa tampoco ayuda a desmitificar a Francia. El sufrimiento de Salie no aparece sino en la obsesión de no traer a Madické a Europa. Y le advierte que “algunos cambiarían de buena gana su vida por la tuya. Acurrucados bajo los puentes o en los pasillos del metro, los sin-techo seguramente sueñan a veces con una choza en áfrica” (pág. 189).

Fatou Diome relata el encuentro entre dos culturas opuestas que no consiguen comunicarse y ataca con fuerza los dos modos de existencia, tanto la profusión de hijos en áfrica como el desinterés y el racismo francés. Pero los momentos más bellos de la novela son los de mayor simplicidad narrativa. Nacen del recuerdo de una emigrante que aún reconoce el colorido y el olor de áfrica. Uno se pregunta las razones por las cuales, a pesar de haber conseguido éxito en Francia, Salie no logra recomendar a Madické la expatriación.





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