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Propuestas para ganar lectores

Hacer lectores, esa es la cuestión. Opinan los editores

  • ( 15/11/2000 )
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La estadística es concluyente: uno de cada tres españoles no ha leído nunca un libro. Mientras aumenta vertiginosamente la producción editorial (62.000 títulos salieron al mercado el año pasado) el índice de lectores adelgaza día a día. En España cada vez se lee menos. ¿Por qué? La respuesta es posiblemente múltiple: no se incentiva la lectura desde las escuelas, se edita demasiado y demasiado malo, la apabullante competencia de la cultura audiovisual, las absurdas campañas de fomento de la lectura... Todo cierto. Con la creencia de que leer beneficia seriamente la salud, El CULTURAL comienza hoy una ronda entre personas implicadas en el mundo de la edición para reunir ideas y propuestas que mejoren la salud cultural de los españoles. Para empezar, hemos reclamado a los editores: ¿Qué sugiere para aumentar el gusto por la lectura? Y éstas son sus respuestas. Hacer lectores, esa es la cuestión.

NO HAGAN OLAS

Como profesional de la edición, publicar a los mejores autores, de la forma más cuidada posible y con la máxima promoción. ésta es nuestra tarea, que no es poca.
Actuaciones más de fondo corresponden a la Administración y en primer lugar a los responsables de Educación.
Por lo demás, aparte de campañas de promoción de la lectura, que hasta ahora han sido fuegos de artificio, no deteriorar el paisaje librero, no tocar el precio fijo: no hagan olas.

Jorge HERRALDE
(Anagrama)


EL CAMINO DE ATRáS

Tesis: los editores publican demasiados libros y, en muchos casos, de manera indiscriminada. La saturación de novedades impide una cabal distribución, una presencia reposada en el punto de venta, del todo necesaria para una mínima digestión. Con la saturación, el editor no logra otra cosa que empachar al lector, emplazándolo a realizar su trabajo, esto es, a seleccionar entre lo ya seleccionado. De todos modos, la misión del editor no es la de promover la lectura.
Antítesis: Los organismos e instituciones encargados de la elaboración de los planes de estudio, los profesores, padres miembros de consejos escolares y demás, siguen empecinados en tratar la lectura como si de un mausoleo se tratara. El gusto creciente de la población por la cultura popular (en sus vertientes musical o visual) no tiene respuesta en los planes de estudio.
Síntesis: Fomentar la creación literaria en su vertiente más “atractiva” (escritura de guiones, de poesía, epistolar) para de este modo llegar a la lectura por el camino de atrás, como espejo en el que contemplar y juzgar las propias imperfecciones. La solemnidad ya la adquirimos con los años; no es necesario imponerla.

Claudio LóPEZ LAMADRID
(Grijalbo-Mondadori)


Yo propongo

Reformar los planes de enseñanza para el estudio de la literatura.
Ampliar, fortalecer y promocionar la red actual de bibliotecas públicas y los Institutos Cervantes.
Que las televisiones públicas dejen de hacer programas basura y produzcan más programas culturales para emitir en horas de audiencia.
Incentivar la creación de librerías de barrio y apoyar activamente a las pequeñas librerías cualificadas y especializadas.
Crear buenas bibliotecas para los centros de la tercera edad.
Promoción de buenas bibliotecas en los centros de enseñanza.
Imitar iniciativas como la de la cadena hotelera NH para la promoción de la lectura entre sus clientes.
Otorgar el Premio Nacional a la difusión cultural, precisamente a la cadena NH.
Desarrollar la idea de librerías itinerantes.
Crear espacios de lectura en lugares públicos: estaciones, aeropuertos, hospitales, residencias, parques públicos...
Crear un salón internacional de promoción de la lectura.
Incitar al voluntariado, desde instancias oficiales, para crear campañas de promoción de la lectura. Que ese mismo colectivo u ONG creadas al uso desarrollen previamente estudios territoriales que analicen el estado actual y las carencias en el área del libro y la lectura.
Libertad de horarios para las librerías.
Cursos de formación para bibliotecarios y libreros.

Manuel BORRáS
(Pre-Textos)


BIOPSIA DEL LECTOR

La lectura sólo puede ser incentivada en la infancia y la adolescencia. Buena parte del esfuerzo habrá de hacerse mediante planes educativos en los que se derroche imaginación y el texto (no sólo la imagen) ocupe un lugar importante en la formación del adolescente. Ahora bien, las posibilidades que ofrece Internet son tan grandes que habrá que empezar a pensar si no es ahí donde generar nuevos y diferentes lectores de nuevos y diferentes textos.
Por eso no sé si hay que incentivar la lectura o hay que investigar sobre el lector/a como se investiga en ciencia, para descubrir algo desconocido, ya que existe hoy en día un lector que ha evolucionado al margen de lo convencionalmente previsto. ¿Cómo ganar lectores? Editando buenos libros y no tratando al lector de idiota. Y preguntándoles de vez en cuando su opinión. El editor tiene que pensar más en el lector, y no sólo verlo como un mero comprador.

Adolfo GARCíA ORTEGA
(Seix Barral)


UNA IMAGEN NO VALE MIL PALABRAS

Conozco pocas maneras de incentivar la lectura. La más eficaz, sin duda, será la que cree o aumente el placer de leer, y eso se da básicamente en la infancia y la adolescencia. Estoy convencido, pues, que la educación ha de tener un protagonismo fundamental. La mentira estúpida de que “una imagen vale más que mil palabras”, así como el desprestigio del esfuerzo, han hecho disminuir la atención escolar sobre la lectura, en el convencimiento de que su abandono en la educación no había de causar merma, cuando la verdad es que el lenguaje es quien parece tener a su cargo la organización consistente de nuestra arquitectura mental. Aún más: la literatura es quien se encarga de poner los muebles, sin los cuales difícilmente la construcción podrá ser habitable. La desaparición progresiva de la lectura seria de las escuelas “del brazo de las reformas educativas” las universidades”a su remolque” ha sido, desde mi punto de vista, el factor más determinante a la hora de desincentivar la lectura. También lo es, aunque probablemente en menor medida, la disminución progresiva de la exigencia social de una expresión afinada y compleja, exigencia esta que juega también a favor de la lectura seria, aunque sea solamente como aprendizaje. La creación y dotación de bibliotecas habrá de tener también un papel determinante. Y, por descontado, los medios de comunicación, en los que los libros ”más allá de los guetos ‘literarios’ a horas de insomne” tienen muy poca presencia.

Jaume Vallcorba
(Quaderns Crema y El Acantilado)


EL ALTAR CULTURAL

Me piden que haga las propuestas oportunas “sin evasivas ni buenas palabras”. Tal propósito es de difícil cumplimiento porque las buenas palabras (la lectura nos hace libres o más libres, más humanos, despierta nuestras más nobles facultades, nos enseña a respetar a los otros, es un diálogo entre intimidades, nos abre al mundo, etc…) ejercen una tiranía complicada de evitar sin evasivas.
Lo primero que diría es que el fomento de la lectura, así, en general, en abstracto, me parece que no responde a ningún criterio de “bien común” salvo que se confunda éste (y se suele confundir) con el interés particular de aquellos negocios que asientan su mercado sobre la encomiada tradición humanista (editores, medios de comunicación culturales, distribuidores, libreros). Incluso como editor que pretende publicar una determinada línea de libros que posibiliten una lectura no superficial de la realidad, preferiría que se incentivaran ciertas lecturas y se penalizasen otras. Como ven la cosa me parece más compleja de lo que parece.
Pero ya puestos y suponiendo que no hay lectura mala, lo que es mucho suponer, sólo se me ocurre una modesta proposición: que en todos los planes de estudio de todas las carreras y como materias troncales se imparta un nuevo trivium al menos durante un trimestre: prácticas de lectura, prácticas de escritura y prácticas de elocuencia, basadas en el método socrático y en las que el profesorado tenga prohibido utilizar términos de teoría literaria, retórica o teoría de la comunicación. Me encanta imaginarme a los futuros ingenieros leyendo Central eléctrica, de Jesús López Pacheco, a los economistas discutiendo sobre La de Bringas, de Galdos o a los estudiantes de medicina dándole vueltas a los conflictos narrados en La piedad peligrosa, de Stephan Zweig. Quizás así lográsemos sacar la lectura de ese prestigioso y obligado altar cultural en el que está instalada para situarla en lugar más adecuado: la vida cotidiana, dejando de ser “Objeto Sagrado” para devenir instrumento de acceso a la manipulada realidad que nos rodea.

Constantino Bértolo
(Debate)


UNA SIMPLE ECUACIóN

Estimular la lectura para conquistar a nuevos lectores compete ante todo al sistema de Enseñanza, por un lado, y a los padres por otro. éste no es, a mi juicio, la tarea de un editor, cuya función social, si alguna ha de atribuírsele, es la de contribuir en todo caso a que el número de lectores no baje. “A la vista de los últimos datos”, compruebo que al menos los editores literarios estamos cumpliendo con nuestro cometido...
Muchas de estas preguntas habría que dirigírselas a los responsables de Enseñanza, Cultura y Hacienda de los distintos gobiernos centrales y autonómicos que se han sucedido en este país desde 1978. Advierto sin embargo, desde mi impotencia en este aspecto como editor literario, que olviden de una vez por todas las campañas publicitarias institucionales: todas sin excepción han resultado grotescamente inútiles.
La ecuación es simple: allí donde se formen a profesores y padres lectores cabe prever que nuevas generaciones de lectores también se formarán en el útil placer de la lectura, y así en adelante. ¿O no?

Beatriz de MOURA
(Tusquets)


VAMPIROS

La afirmación “A la vista de los últimos datos, parece que el número de lectores no aumenta”, es, claro está, una amable versión prosaica de “Madrid es una ciudad de más de un millón de / cadáveres (según las últimas estadísticas)”. ¿Cuántos son los cadáveres de la lectura en España? Un inmenso cementerio. Entonces ¿qué importan las últimas estadísticas?
Y las preguntas “¿Qué propone usted para incentivar la lectura?” y “¿Cómo ganar lectores?” bien podrían cambiarse, apurando la imagen fúnebre, por “¿Cómo animar el camposanto?” y “¿Cómo poner fin al desfile de cadáveres?”. Pero ya los muertos han enterrado a sus muertos y el aluvión de nuevos cadáveres parece imparable, a causa de la propagación del SILDA (Síndrome de Lectodeficiencia Adquirida).
Se hace muy difícil hallar el antídoto contra esta plaga porque a quienes aprovecha el SILDA (que son, por cierto, también los sepultureros) no les conviene . Los libros son, para ellos, como los ajos para los vampiros: les impiden acercarse a sus víctimas para sorberles la sangre e inocularles el mal, porque el jugo de los libros, como la garlicina, es antiséptico, letal para estos nuevos dráculas: es natural que los aborrezcan y que tomen medidas para erradicarlos. ¿O es que a algún vampiro en su sano juicio se le ocurriría fomentar el cultivo de los ajos? Lo que debe hacer un vampiro que se precie es afilarse los colmillos y perfeccionar sus técnicas de hipnosis.
Mientras pobres patéticos “vanhelsings” armados con estacas de palabra persiguen corazones jóvenes, los neovampiriales hechizan con sus múltiples ojos de cristal líquido a sus víctimas, que siguen acudiendo, acezantes, al inexplicable rito de muerte. Pero hay que seguir haciendo estacas, mayores y más afiladas, que rasgando el velo de la noche hagan que la luz -enemiga mortal de los vampiros— los sorprenda fuera de sus tumbas.

Gonzalo PONTóN
(Crítica)


ACORTANDO DISTANCIAS

En primer lugar, habría que conseguir que los programas educativos, desde la enseñanza primaria hasta la universitaria, incorporasen como propia la labor del fomento a la lectura. El principal motivo por el cual muchos ciudadanos no leen, es que existe una distancia inmensa entre ellos y el libro. En este sentido, la creación de una red de bibliotecas que apoye la labor de los planes educativos de fomento a la lectura, puede contribuir en una medida importante a reducir la distancia entre la gente y los libros. A través de estas acciones se lograría que el niño o el adulto dejasen de sentir el libro como algo extraño o incluso exótico, y empezasen a sentirlo como un producto a su alcance. Es indispensable que se acorte la distancia entre el libro y el ciudadano, para que él mismo tenga la posibilidad de tomar la inciativa de acercarse a una librería a curiosear e incluso de acabar comprando algún libro que le llame la atención. La mayoría de ciudadanos no leen porque desconocen o les resulta muy extraño el entorno en el que aparece el libro. Si la gente no tiene el hábito de ir a las librerías es a causa de que previamente nadie incentivó su inquietud por la lectura. Por eso, seguramente, las grandes superficies han contribuido favorablemente al incremento de las ventas de libros: en ellas, la gente que no tiene por costumbre ir a las librerías, accede a los libros porque están próximos a otros productos a los que sí saben cómo acercarse. Gracias a esto, acaban tropezando con un producto, el libro, que no tenían previsto encontrar. Sin embargo, si la educación asegurase la proximidad entre el libro y el ciudadano, éste no quedaría limitado a conocer los libros de un modo tan azaroso sino que podría buscarlos él mismo en muchos otros lugares.

Enric FOLCH
(Paidós)


Para leer más

Para leer no hace falta más tiempo sino más ganas. ¿Cómo se pueden generar más ganas en los lectores? En primer lugar, volviendo a hacer prestigiosa la lectura: cada vez se habla menos de los libros, en las conversaciones, en los discursos, en la vida pública. En segundo lugar, haciendo cada vez más accesibles los libros: los que escriben (o escribimos) de ellos deben excitar el entusiasmo por la literatura (en la expresión de Carlos Fuentes) y no el desánimo ante los libros. Hay demasiadas incitaciones para que la gente no lea, y hay muy pocas ventanas en las que pregonar que leer es un placer intelectual, aventurero, sensual. En España hay muy pocos lectores: caben, quizá, en el estadio Bernabeu, y además los libreros serían capaces de decir sus nombres de memoria. ¿Cómo aumentarlos? Transmitiéndoles que leer es un placer, contándoles los libros como si fueran una aventura, explicando los libros para que la gente los quiera, no para los rehúya. Hablando de ellos, aunque sea bien.

Juan CRUZ
(Grupo Santillana)



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