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revista de libros


Edición impresa |  LIBROS

Sabor a hiel

Ana Rosa Quintana

Planeta. Barcelona, 2000. 236 páginas, 2.250 pesetas

  • Resultados:

Care SANTOS | Publicado el 17/05/2000

Leída como novela rosa o como dramón con heroína, la novela es lo que se espera de ella. Una obra para los muy adictos a su autora. Sin trampa ni cartón


La honestidad es la clave del trabajo de un editor y también, por supuesto, de un autor. Algo que, por desgracia, unos y otros olvidan demasiado a menudo, lanzando al mercado títulos que dicen ser lo que no son o que son algo bien diferente de lo que aparentan ser. Por fortuna, este no es el caso de esta primera novela de la periodista Ana Rosa Quintana, bien conocida por el gran público gracias a su espacio televisivo “Sabor a ti”. El lector sabe a qué se enfrenta casi desde que ve la portada del volumen -de dudoso gusto, por cierto- y lee la sinopsis argumental de la novela. Esto es: a una novela rosa trucada en drama cotidiano con heroína arquetípica escrita al hilo de ciertos latidos de la contemporaneidad más absoluta.

Así, la novela aborda el problema de los malos tratos -no dudo que uno de los platos fuertes del programa televisivo en cuestión, por lo menos en los últimos tiempos- a partir de la historia de Adriana, una boba jovencita de familia bien que se deja seducir por un cuarentón tan interesante como adinerado, se casa con él después de ciertos devaneos que se le podrían haber ahorrado al lector y en la misma noche de bodas empieza su pesadilla. Como suele ocurrir, eso no es óbice para que tenga hijos -nada menos que cuatro- y sacrifique su vida por la familia y el hogar, aunque sin olvidar su amistad con una antigua feminista, quien se encargará de que abra los ojos y la ayudará a librarse del monstruoso cónyuge.

Y, volviendo a la coherencia, hay que decir que, leída como novela rosa o como dramón con heroína, la novela es lo que se espera de ella. Hay incluso un guiño a El pájaro canta hasta morir, de Colleen McCullough, la novela en la que se basó El pájaro espino, y otro a Más allá del jardín, de Antonio Gala, y no dudo de que los lectores -¿o tal vez lectoras?- de ambos tal vez comprenderán el impulso que ha llevado a la conocida periodista a firmar una novela como ésta. Sin embargo, hay que advertir al lector más exigente, más curtido, más acostumbrado a los vuelos, aunque sean a ras de suelo -y porque la honestidad también afecta a la crítica- de que se trata, como digo, de una novela de género: personajes estereotipados que para ser felices tienen que estar muy delgados y vestir muy bien; una trama del todo previsible, que abusa de las escenas superfluas sin apenas detenerse en lo importante -por ejemplo, no hay referencias al tiempo en que transcurre la acción, no logramos conocer a ningún secundario, no entendemos a qué impulsos obedecen los protagonistas...- y que desaprovecha lo mejor -por ejemplo: ese coqueteo de Francisco, el marido, con el lado oscuro de su propio deseo.

En suma, ésta es una novela para los muy adictos a su autora. Sin trampa ni cartón.





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