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La historia de ETA

J.Mª Garmendia, G. Jauregui, F. Domínguez, A. Elorza. Coord. por Antonio Elorza. Epílogo de P. Unzeta. Temas de Hoy. 447 páginas. 3.500 pesetas

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Rogelio LÓPEZ-BLANCO | Publicado el 12/04/2000

En esta importante obra se describe y analiza la historia de ETA, sus orígenes históricos e ideológicos, las condiciones de su nacimiento, la coyuntura nacional e internacional en la que una generación de jóvenes decidió lanzarse por el camino de la violencia. Asimismo se estudia su evolución ideológica y política, las profundas crisis y la relación con el PNV. Finalmente, se aborda la etapa del enfrentamiento con la democracia y los últimos movimientos de la banda tras los diversos intentos de diálogo y negociación que culminan en la tregua rota a finales del pasado año y la continuación de los asesinatos.

Antonio Elorza engarza el tema de ETA con sus precedentes históricos en una amplia introducción. Empieza rastreando los elementos que integran el corpus nacionalista del que beberá la organización terrorista, incidiendo en las raíces que enlazan con la lucha armada. Desde la aparición de la conciencia de superioridad que sentó las bases del racismo (hidalguía universal, limpieza de sangre y conciencia de pueblo elegido), pasando por la invención y mitificación de la historia, particularmente de los episodios carlistas, hasta llegar a la síntesis sabiniana, "matriz de una religión política de la violencia antiespañola".

José María Garmendia se encarga de la etapa que cubre el franquismo, entre 1959 y 1978. Explica cómo un grupo de jóvenes nacionalistas fundó una organización que al final de la dictadura se había convertido en el principal referente del antifranquismo en el País Vasco, en España y en el plano internacional. La opción violenta siempre estuvo gravitando, pero pudo frustrarse como ocurrió con las corrientes más radicales que asoman en la historia del PNV. Hubo pasos adelante que fueron claves, primero la ruptura con los mayores, la práctica de algunas acciones violentas combinadas con una represión indiscriminada del régimen franquista y el punto de no retorno, asesinatos de Pardines y Manzanas y muerte de Echebarrieta en un enfrentamiento. En las crisis de ETA se constata que son los más ultranacionalistas y partidarios del uso de la fuerza los que acaban patrimonializando la organización. Hacia 1971 "ETA, que había sido una organización política, con armas, pero política, a partir de ahora será militar, estrictamente militar", su principal seña de identidad.


Jáuregui aborda la evolución ideológica y política de la organización terrorista, en cuyo origen coinciden dos elementos, el nacionalismo sabiniano (visión de Euskadi como país ocupado) y el franquismo (cuya victoria hace efectiva esa virtualidad). El nacionalismo sabiniano después de la guerra civil y hasta nuestros días se apoya en dos pilares. El centripetismo, tendencia a encerrarse en sí mismo y a sostener la reivindicación nacionalista sobre la negación del "otro", que da validez a la expulsión del "ocupante". Y el etnocentrismo, que supera el impresentable racismo de Arana, sustituyéndolo por la comunidad de lengua, considerada como un arma política que establece la diferencia entre los verdaderos vascos, los nacionalistas, aquellos que reivindican la lengua, y los que no lo son. En la creación de un nuevo nacionalismo destaca la fundamentación de la reivindicación nacional en la lengua y en la etnia, obra de Kurtwig; la adaptación a las nuevas realidades socioeconómicas, prestando atención a la clase obrera; y la influencia de las tesis anticolonialistas y del marxismo para la puesta en marcha de una estrategia política de la liberación nacional, en la que tuvieron mucho que ver las aportaciones de Krutwig y Zabalbide, particularmente su filosofía de la espiral. De la contribución de Jáuregui es particularmente interesante su intento de explicar la permanencia de ETA y las condiciones que cree necesarias para el fin de la violencia.

Por último, Florencio Dominguez trata del enfrentamiento de ETA con la democracia. Las bases del mismo, centralmente la consideración de que se mantenía el franquismo y de que, en el fondo, oponía a las urnas la "legitimidad" de la fuerza. La cruenta ofensiva inicial. La función del santuario francés y los arduos esfuerzos diplomáticos para ponerle fin. El papel de las iniciales violencias policiales, las estrategias de seguridad y el fenómeno del terrorismo de Estado (GAL) como elementos nutrientes del discurso terrorista. Episodios significados para el mantenimiento de la actividad criminal como la victoria en la cuestión de Lemóniz. Los pactos para buscar el aislamiento de los terroristas y su entorno, el gran golpe recibido en Bidart, el secuestro de Ortega Lara, el asesinato de Miguel Angel Blanco, la tregua recientemente rota y la continuación de la entente entre EH y PNV-EA.

A efectos del análisis es lógica la división entre la etapa franquista y la democrática, aunque, salvando cortes y crisis, hay una cierta continuidad de fondo. Para alguien tan significado como Patxo Unzueta, el balance de cuarenta años de ETA, su principal "logro", es el de "una sociedad envilecida por el miedo y cada vez más desvertebrada". Sin embargo, es justo reconocer que de esa misma sociedad están saliendo adelante las mejores pruebas de heroísmo civil, como la de los organizaciones pacifistas y de los cargos políticos, y sus familias, que arriesgan su vida y su tranquilidad por el mantenimiento de la democracia. También es preciso subrayar que es de la sociedad vasca de donde a surgido un riquísimo filón de intelectuales y profesores que a través del análisis históricos, los argumentos de la razón y la civilidad han sabido desmitificar y combatir las manipulaciones que fundamentan el nacionalismo excluyente.





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