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Walter Benjamin. Obras completas, I

Walter Benjamin

Traducción de Alfredo Brotons. Abada. Madrid, 2006. 459 páginas, 37 euros

El 26 de septiembre de 1940 Walter Benjamin (Berlin, 1892) se suicidó en el paso fronterizo de Port Bou. Tenía en un poder un visado para entrar en Estados Unidos que en teoría debía de permitirle embarcar en un puerto español, pero las autoridades franquistas, tras retenerle en la frontera, le amenazaron con entregarlo a los alemanes, y el filósofo alemán decidió poner fin a su vida. Terminaba así la aventura intelectual radical e independiente de un heterodoxo, amigo de Adorno y Max Horkheimer, y de figuras tan diferentes como Gersohn Scholem y Bertolt Brecht.


PATXI LANCEROS | 15/06/2006 |  Edición impresa


Walter Benjamin

Walter Benjamin es, sin lugar a dudas, una de las figuras más importantes de la filosofía del siglo XX: una de las más influyentes, una de las más controvertidas. Miles de páginas componen su obra, vasta si se tiene en cuenta que fue realizada en breves, traumáticos y apresurados años. A los cuarenta y dos, como es bien sabido, Benjamin, desesperado en la frontera entre la España del franquismo y la Francia ocupada por los nazis, optó por el suicidio: en Port Bou, el 26 de septiembre de 1940.

Sorprendentemente extensa, inusitadamente intensa, madura desde el principio, la obra de Benjamin ha conocido diversas suertes. No fue entendido ni apreciado por la academia, que no supo valorar el poderoso ejercicio de pensamiento y escritura que Benjamin desarrollaba ya en sus primeros escritos, aquellos que deberían haber servido para proporcionarle un puesto en la universidad. Tampoco sus relaciones, personales e intelectuales, fueron fáciles con los filósofos radicales: incluso con los que le eran más próximos, como Adorno o Horkheimer. Fue después de la muerte cuando la obra de Benjamin comenzó a ser apreciada. Y comenzó a desplegar un efecto que aún hoy nos domina.

Esa obra, que también en España ha encontrado buenos lectores, estaba, sin embargo, tortuosamente traducida a nuestro idioma: no sólo de manera incompleta, sino recogida en volúmenes cuya selección ha de calificarse, en muchos casos, de caprichosa. Faltaba, hasta ahora, una edición que permitiera estudiar la compleja y apasionante trayectoria benjaminiana, que no sólo se sostiene en fragmentos mil veces glosados. Cabe saludar con énfasis este proyecto que, finalmente, ha emprendido la editorial Abada: once volúmenes en los que el pensamiento del filósofo alemás se despliega en todos sus múltiples registros: que van de la extensa indagación estética al aforismo, del relato autobiográfico al ensayo o a la narración.

El primer volúmen de esta ambiciosa obra, magníficamente editado, contiene tres trabajos -El concepto de crítica de arte en el Romanticismo alemán, Las afinidades electivas de Goethe, El origen del Trauerspiel alemán- en los que todavía no se aprecian algunos de los rasgos que a la postre construirán buena parte del perfil -rutinario- de Benjamin: su matizado marxismo, su relación con el judaísmo, por ejemplo. Sin embargo, estos textos, que tienen por ámbito común el de la crítica literaria, son la mejor muestra que se puede ofrecer de un pensamiento vigoroso desde sus inicios, que no se somete a las pautas habituales de investigación y exposición, que se retuerce en giros reflexivos de inusitada ambición crítica, que conducen a arriesgados y felices ejercicios de lectura e interpretación.

El primero de ellos, El concepto de crítica de arte en el romanticismo alemán, es mucho más de lo que el título indica. Cabe esperar de ese título un riguroso trabajo académico sobre el concepto que en él se propone. Y sin duda lo es. Pero es también una investigación categorial en la que la reflexión y el sistema, el conocimiento y el concepto, son investigados con rigor ejemplar. Es el ejercicio en el que un pensador todavía joven -siempre joven- se dota de un arsenal conceptual que va a operar, con las oportunas variaciones, a lo largo de toda su obra. Es un ejercicio que, sin duda, complica el arte de la lectura. Pero que a la vez lo eleva a una sorprendente dignidad teórica. Vale lo mismo para el segundo texto, en el que la obra de Goethe Las afinidades electivas, halla a su mejor intérprete. Pocas veces una obra crítica ha hecho justicia, con tanto esmero, a una obra de arte.

Si confieso mi predilección por el tercero de los textos, El origen del Trauerspiel alemán, es porque al sumergirme en esas densas páginas he vuelto a experimentar la satisfacción que produce el pensamiento llevado a su más alto grado de tensión; y porque en el estudio de un tema aparentemente venial, el origen del drama luctuoso, del drama barroco, se hace presente toda una filosofía que atraviesa la metafísica, la religión, la política, el arte.

Toda una filosofía: la de Benjamin, que a partir de ahora podemos leer en cuidada y rigurosa edición.




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