Rafael NARBONA | Publicado el 14/12/2006 | Ver el número en PDF
La novela de espionaje responde al mismo canon que los folletines decimonónicos: suspense por entregas, personajes desbordados por las circunstancias, brillante desenlace. El norteamericano Alan Furst, con una larga experiencia como periodista en Europa del Este, se ha especializado en la novela histórica ambientada en esa zona gris que precedió al estallido de la II Guerra Mundial, cuando los totalitarismos consiguieron seducir a las sociedades democráticas. El corresponsal relata la peripecia de los intelectuales italianos que se refugiaron en París huyendo de la dictadura de Mussolini. La experiencia del exilio impulsará la proliferación de periódicos comprometidos en la lucha contra los gobiernos autoritarios. El periodismo revelará una vez más su carácter político, su voluntad de narrar los acontecimientos, involucrándose en ellos. La resistencia contra el fascismo no es una reacción partidista, sino una expresión de libertad. Es evidente que Furst pretende subrayar la fibra moral de los corresponsales que se juegan la vida, prestando su voz a las sociedades oprimidas.