JACINTA CREMADES | Publicado el 11/01/2007 | Ver el número en PDF
Desde su primera novela, La teoría de las nubes, Philippe Audeguy (Tours, 1964) tuvo una gran acogida en Francia. Su autor no relata en ella ninguna teoría, sino que cuenta con delicada sutileza la historia de aquellos seres que desde hace dos siglos miran hacia el cielo para descubrir el secreto de las nubes. El costurero japonés Akira Kumo no sabe de dónde le viene su pasión. Colecciona libros sobre las nubes en una gran biblioteca que la joven Virginie Latour ordena. Con discreción y simplicidad, el costurero cuenta a la bibliotecaria las historias de esos extraños seres, pioneros del arte de la climatología, cuya obsesión, a través de los años, fue intentar clasificar las formas móviles y cambiantes por un golpe de viento. La novela empieza con la vida de Luke Howard, primer clasificador de nubes, cuya conferencia en una reunión de cuáqueros impresionará a Goethe, autor de un tratado sobre la climatología. Sigue Kumo con el pintor Carmichael, cuya única idea será la de pintar nubes; se detiene en la mala experiencia de Napoleón que, al despreciar las predicciones sobre el clima en Rusia, causará la muerte de la mayoría de sus soldados. Y llega a la fascinante historia de Richard Abercrombie.