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Ricardo SENABRE | Publicado el 06/09/2007
Quien se acerque a esta nueva obra de Enrique Vila-Matas tras haber advertido que la nota de contracubierta la califica de serie de relatos, deberá reconsiderar con cautela esta clasificación, o bien entender el vocablo 'relato' con el significado más lato posible, porque no es algo equiparable a una colección de cuentos habitual. Así, el relato inicial -sin duda un texto narrativo en sentido estricto- es, en realidad, un prólogo cuyo narrador -que se refiere al volumen como libro de cuentos- es fácilmente identificable con el autor; el segundo, titulado Otro cuento jasídico, es un fragmento de Kafka con una levísima modificación; Vacío de poder narra esquemáticamente la historia contenida en un conocido cuento de Francisco Ayala; Exterior de luz está constituido en buena parte por una serie de glosas en torno a las Prosas apátridas del escritor peruano Julio Ramón Ribeyro (nombrado erróneamente como Juan Ramón); La gloria solitaria comenta aspectos de una obra de Don DeLillo dedicada a la soledad de los artistas. Incluso el epílogo consiste en tres líneas tomadas de un texto de Peter Handke. Como no podía ser de otro modo en el caso de Vila-Matas, y por mucho que el autor insista en haber procurado dar un giro radical a su obra con estos escritos, cada página está impregnada de literatura, y las vidas que en ella se muestran pertenecen sólo en parte al mundo de la ficción: el autor que confiesa haber sufrido un colapso físico (pág. 13) del que surge esta vuelta al relato breve, coincide con el narrador de Iluminado, que asegura haber pasado por la experiencia de una intervención quirúrgica después de sufrir un importante colapso físico (pág. 202), con el Andréi Petróvich Petrescov de Fuera de aquí, que ha sufrido una importante operación hace seis meses (pág. 123), o con el personaje que cuenta la historia de Porque ella no lo pidió y que también evoca su colapso físico (pag. 257) a la vez que urde una crónica -que luego resulta ser inventada- acerca de un proyecto en común con la artista Sophie Calle, ser real convertido en ente de ficción, proyecto que consiste precisamente en que el escritor compone una historia con un personaje real que tratará luego de vivirla, con lo que la literatura determina y gobierna las acciones del sujeto, cuya obligación es cumplir escrupulosamente lo que el escritor le ha inventado. Es sin duda Vila-Matas el que confiesa en su conversación con Sophie haber sufrido la tentación de ir hacia el más allá de la literatura; en definitiva, de trasladarme de la literatura a la vida (pág. 275), para concluir finalmente que para mí la literatura siempre sería más interesante que la famosa vida. Primero porque era una actividad mucho más elegante, y segundo porque me había parecido siempre una experiencia más intensa (pág. 275). Aquí se encuentra el núcleo, el meollo explícito de la creación literaria de Vila-Matas, que sus lectores y letraheridos reconocerán sin vacilación.









Enrique Vila-Matas. Foto: Antonio Moreno