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El deporte en la guerra civil

por Julián García Candau

Espasa

 | 06/12/2007 |  Edición impresa


Dos grandes personalidades políticas presidieron los dos grandes clubes en los años de la República y al comienzo de la Guerra Civil. Ambos fueron noticia por su actividad al margen del deporte. Desde el 31 de mayo de 1935 al 4 de agosto de 1936, en que el club fue incautado, presidió el Real Madrid Rafael Sánchez Guerra. El 27 de julio de 1935, fue elegido presidente barcelonista Josep Sunyol i Garriga. Sánchez Guerra acabó en la cárcel, pasó después al exilio y finalmente murió convertido en fraile dominico en Navarra. Josep Sunyol murió fusilado al comienzo de la contienda, en la sierra de Guadarrama, al caer dentro del territorio dominado por los sublevados. Antonio Ortega Gutiérrez, coronel comunista, presidió el Madrid Club de Fútbol durante parte de la guerra. Murió a garrote vil en Alicante. Santiago Bernabéu se refugió en la embajada de Francia, pasó luego a este país y se incorporó al ejército de Franco como cabo observador.

Rafael Sánchez Guerra era hijo del político monárquico José Sánchez Guerra. Estudió en el colegio del Pilar, cantera madridista, y jugó en los equipos infantiles del Real Madrid. Intentó ser presidente en 1933, con el apoyo de los socios republicanos del club, pero fue reelegido Luis Usera Bugallal. En 1935 volvió a la carga, y pese a la oposición de una parte importante de pesos pesados de la sociedad, entre ellos Santiago Bernabéu, obtuvo cuatrocientos cuarenta y dos votos y fue proclamado presidente. Con él formaron la junta directiva dos miembros de la anterior, Valero Ribera Ridaura y Gonzalo Aguirre Martos. También, un conocido relojero, Luis Coppel Gerlach, y Laureano Ortiz de Zárate. Aguirre y Valero Ribera fueron asesinados durante la guerra.

Sánchez Guerra era abogado, fue redactor de ABC y entre otras especialidades cultivó el periodismo taurino. Pese a sus tendencias políticas, en el Madrid se le guardó respeto e incluso se alabó su labor presidencial. En 1931, el gran fenómeno de la tauromaquia fue Domingo Ortega.

Sánchez Guerra, como cronista taurino, le acusó de "haberse co­lado de rondón por la puerta falsa en el templo del doctorado taurino sin haber sido sancionado por el público madrileño". Luego, no obstante, le dedicó elogiosas crónicas.

Hijo de José Sánchez Guerra, monárquico que llegó a presidir el Consejo de Ministros, sacó la bandera republicana el 14 de abril al balcón del edificio de la Puerta del Sol, hoy sede de la Comunidad de Madrid y triste lugar que ocupó la Dirección General de Seguridad durante el franquismo. Fue ministro de la República en el exilio.

Fue secretario general de la presidencia de la República con Niceto Alcalá Zamora, y al estallar el conflicto bélico permaneció leal a la República. Fue, durante este tiempo, oficial de Estado Mayor. A finales del conflicto participó, junto al coronel Segismundo Casado, del que fue secretario político, y el ex presidente de las Cortes, el socialista y catedrático de ética, Julián Besteiro, en las negociaciones con los nacionales para la firma de una paz honrosa.

Sánchez Guerra fue, como presidente madridista, un entusiasta que tuvo la fortuna de vivir en Valencia el triunfo de la Copa el 21 de junio de 1936, 2-1 frente al Barcelona, y como político, protagonizó algunos de los acontecimientos trascendentales de aquella convulsa España.

Estuvo en la presidencia del banquete de la noche en que se festejó el triunfo en la Copa. En los postres, a la hora de los discursos, Ricardo Zamora, el héroe del partido, y Jacinto Quincoces pidieron la palabra y ambos lo hicieron para reivindicar los derechos de los futbolistas que por entonces no poseían ninguno como profesionales, situación que se prolongó hasta los años setenta en que el sindicato (Asociación de Futbolistas Españoles, AFE) y un par de huelgas acabaron con la indefensión.

Ricardo Zamora acabó su alocución gritando ¡Viva Valencia, el Madrid y España! "Y viva la República también", le apostilló un periodista. Zamora no asintió.

La cena la presidió el ministro de Justicia y Agricultura, Mariano Ruiz-Funes, que había pronunciado una conferencia en el Teatro Principal, "La política agraria de la República", quien dijo: "No quiero opinar porque no conozco el fútbol y yo únicamente hablo de lo que entiendo".

Sunyol sí se manifestó sobre la final: "Ha vencido el Madrid como podía haber ganado el Barcelona. El Madrid ha conseguido marcar a los pocos minutos del partido y luego se ha defendido muy bien y no se ha dejado arrebatar la victoria".

Sánchez Guerra también dio su opinión sobre la final: "El partido se ha decidido en los últimos momentos, en la gran parada de Zamora a tiro de Escolá".

Antonio Calderón, que presenció la final y asistió al banquete junto con Juan López García, presidente de la Federación Andaluza, fue testigo de la larga cambiada con que Sánchez Guerra cerró el acto. Adujo, entre otras cosas, que no era el momento ni el lugar adecuado para discutir aquella cuestión. Las intervenciones de los jugadores habían sido acogidas con división de opiniones.

Escribió varios libros, entre ellos Dictadura, indiferencia, República, y posteriormente Mis prisiones, en el que relató sus grandes momentos políticos y dio noticia de las prisiones por las que pasó y del número de presos. Al principio de la guerra colaboró para salvaguardar el estadio de Chamartín, que se dedicó a festivales gimnásticos y actividades deportivas, pero no pudo evitar que se convirtiera en campo de concentración y que acabara semidestruido.

La entrada de las tropas de Franco le llevaron a escribir esto: "Me despedí igualmente de Julián Besteiro, pero con más emoción que cuando nos separamos de la prisión de Porlier. No sé por qué tenía el presentimiento de que no iba a volver a verlo. Le observé también profundamente conmovido. Se veía en sus rasgos una gran melancolía y hasta tristeza. Jamás olvidaré este último momento".

Sánchez Guerra no sale muy bien parado en los Diarios 1932-1933 de Manuel Azaña: "La torpeza de Sánchez Guerra, y la indiscreción de su mujer, han provocado un incidente con los socios de un club de golf, aristócratas monárquicos, establecido en un terreno del patrimonio. El Presidente "está que echa lumbre" contra Sánchez Guerra y el general Queipo". De cuando era secretario de la Presidencia dijo Azaña que acudía todos los días al Congreso porque tenía "saudades del acta de diputado, que no pudo alcanzar".

Al término de la contienda, en el procedimiento sumarísimo que se siguió contra don Julián Besteiro 1449/39, figuró previamente a la separación el instruido contra Sánchez Guerra. El presidente madridista, quien en el exilio de París dirigió una agencia de colaboraciones de prensa, realizó, en el mencionado libro Mis prisiones, el recuento de las cárceles madrileñas. Según sus cuentas, entre las prisiones oficiales y los campos de concentración había en Madrid cincuenta mil presos políticos. Después, siendo fraile dominico en Villava, donde practicó el deporte a su medida y ejerció de árbitro en los partidos que disputaban los novicios, escribió Cartas a mis nietos y Mi convento. En uno de los viajes que hizo el Madrid a Pamplona recibió la visita del equipo encabezado por Bernabéu. El Madrid guardó luto por su muerte.

Sánchez Guerra vivió el momento histórico, años antes, en que fue visitado en la Presidencia del Gobierno por el general Franco, quien le hizo esta confidencia para que se la comunicara al presidente de la República:
"Supongo que hasta ustedes habrán llegado las fantasías malintencionadas que corren por la calle respecto a sublevaciones militares y en las que, con el propósito de crearme una situación difícil dentro de la República, se cita mi nombre. Me interesa desmentirlas de modo rotundo y categórico. Puede usted informar a Su Excelencia, aunque supongo que él ya lo sabe, que el general Franco es un militar disciplinado, que acató un día el Régimen constituido, que es un hombre leal y que no ha pensado sublevarse nunca."

A Sánchez Guerra le tocó también recibir la notificación, como secretario general de la Presidencia, de la votación de las Cortes por la que se destituía de su cargo de presidente a Niceto Alcalá Zamora.
El coronel Casado, en sus memorias periodísticas publicadas en Madrid el 7 de octubre de 1968 (Pueblo), decía:

"El 19 de febrero ya se conocía el triunfo de las izquierdas. En la mañana de ese día estaba yo acompañado de don Rafael Sánchez Guerra en el antedespacho del presidente de la República, llegó el jefe del Gobierno, señor Portela Valladares, en un estado de ánimo verdaderamente lamentable. En aquellos momentos en que era necesario dar sensación de tranquilidad y energía estaba desmoralizado. Dijo a Sánchez Guerra que deseaba, con urgencia, cumplimentar al presidente para presentar la dimisión con carácter irrevocable. El señor Sánchez Guerra le dijo que parecía más recomendable seguir al frente del Gobierno hasta cumplir el elemental deber de presentarse antes las nuevas Cortes. El señor Portela Valadares calló. Unos minutos más tarde celebró la entrevista con el presidente y la crisis quedó planteada."

El presidente madridista al acabar la guerra fue condenado y encarcelado, pero logró salir de España y fue ministro del Gobierno en el exilio. En 1960 pudo regresar a España, pero lo hizo para ingresar como dominico en un convento navarro. Murió en Pamplona en 1960. Era primo hermano del ministro del Ejército, Antonio Barroso y Sánchez Guerra.

Josep Sunyol fue uno de los treinta y seis diputados elegidos por Esquerra Republicana en los comicios del 16 de febrero de 1936, en los que obtuvo el triunfo el Frente Popular. Sunyol i Garriga obtuvo acta de diputado por Barcelona capital, al igual que el presidente de la Generalitat, Lluís Companys. Por Valencia fue proclamado en esa candidatura Vicente Marco Miranda, padre del fundador de Carrusel Deportivo, de la Cadena SER, Vicente Marco. Por la Lliga Regionalista de Cambó fue elegido diputado Fernando Valls Taberner, de familia también de raigambre barcelonista como la de Sunyol.

Sunyol fue fundador, en tiempos de la dictadura de Primo de Rivera, del semanario La Rambla y fue diputado de las Cortes Constituyentes de 1931, además de las de 1933 y de las ya citadas de 1936. En el Diario de Sesiones de las Cortes del 10 de diciembre de 1931, el dipu­tado catalán Carrasco y Formiguera hizo constar su voto a favor de la Constitución, lo que no había podido hacer el día anterior, y se adhirieron otros disputados catalanes, entre ellos Pi y Suñer y Sunyol. Su nombre figura también entre los diputados que aprobaron el proyecto de expropiación de fincas rústicas. Como diputado intervino en el debate sobre el caso del famoso diputado derechista, doctor Albiñana, por una cuestión de uso ilegal de armas. Después de proclamar su republicanismo dijo, de quien era "adversario leal, pero irreconciliable": "no quisiera que el doctor Albiñana abandonara el escaño pudiendo decir a sus correligionarios y correligionarios afines que habíamos consagrado toda una tarde de estas Cortes, que insisto hemos venido en llamar republicanas, en momentos tan difíciles para el país, a discutir el incidente que en su justo derecho ha traído aquí al Sr. Albiñana". Y pidió que no se dieran por oídas las palabras pronunciadas por Albiñana.

Sunyol fue directivo barcelonista por vez primera en 1928, en la junta presidida por Arcadi Balaguer. En esta su primera etapa surgió un conflicto entre directiva y jugadores, fue el encargado de mediar y logró un acuerdo satisfactorio. Los jugadores se quejaban de las culpas que sobre ellos echaban los directivos cada vez que había una derrota. Sunyol presidió también el Centre Catalanista d'Esquerra de Barcelona.

El 5 de agosto de 1936 el periódico ABC de Madrid publicó la siguiente noticia:

"Una delegación de la Generalidad de Cataluña. Valencia 4, 4 tarde. Ha llegado a Valencia el diputado catalán D. José Suñol, con el periodista Ventura Virgili. El objeto de su viaje es establecer contacto, por delegación de la Generalidad, con la Junta delegada en Valencia. Después seguirán su viaje a Madrid.-Febus."

Josep Sunyol continuó viaje hacia Madrid y su vida acabó en la sierra de Guadarrama. El automóvil en el que viajaba salió de las líneas gubernamentales y penetró en las rebeldes. Según cuentan Jaume Sobrequés y Jaume Ramón i Peró, se cree que al ser detenido el automóvil descendió del mismo y gritó vivas a la República creyendo que estaba ante correligionarios. Sunyol fue fusilado inmediatamente y de ello tuvo conocimiento el Congreso de los Diputados y pasó a formar parte del informe elaborado, según el cual, de los cuarenta diputados asesinados por el bando nacional hubo once socialistas, cinco de Izquierda Republicana, cinco de Unión Republicana y dos comunistas. El informe de la Secretaría de las Cortes en 1938 señala que veinticinco diputados de derechas fueron víctimas de los republicanos, doce diputados de izquierda desaparecieron o sufrieron prisión en cárceles públicas o secretas de la zona nacional y nueve sufrieron parecidos finales en la zona republicana.

Sunyol, según el citado informe, viajaba con cartas para José Giral, presidente del Gobierno; Diego Martínez Barrios, presidente de las Cortes, y Joan Casanovas, jefe del Gobierno catalán. Según Rossend Calvet, secretario del Fútbol Club Barcelona y hombre clave en los años de la guerra, en su Historia del Fútbol Club Barcelona, el presidente de la entidad viajaba, además, con veinticinco mil pesetas con las cuales se pretendía fichar a determinados jugadores del Oviedo.

Con la presidencia de Sunyol, el Barça se reforzó y contrató a jugadores tan contrastados como Iborra, Balmanya, Areso, Escolá, Raich, Cabanes, Bardina, Argemí, Babot, Franco, Pagés, Munlloch, el uruguayo Fernández y el húngaro Berkessy. Según Sobrequés, el presidente barcelonista, que iba acompañado por Julio Just, secretario del director de Obras Publicas, llevaba en la cartera cincuenta mil pesetas, pero eran para atenciones de guerra y, entre otras misiones, tenía la de visitar a los voluntarios catalanes de la Columna Maciá-Companys, desplazados a la defensa de Madrid.

Julio Just Gimeno, diputado valenciano por Esquerra Republicana, no participó en ese viaje. Just no fue director de Obras Públicas, sino ministro de este ramo en el Gobierno de Francisco Largo Caballero, el 13 de septiembre de 1936. Ocupó esa cartera a la que había renunciado José Antonio Aguirre Lecube, presidente del PNV y ex jugador del Athletic Club de Bilbao. Just se exilió al término de la contienda. Vivió en París, donde murió en 1976.
La primera página de tipografía de ABC del 18 de agosto de 1936 proclamaba, en la columna de salida, la lealtad del general Batet a la República. Debajo de la nota oficial del comisario de Orden Público de Cataluña, en la que se desmentía que figurara entre los sublevados y se decía que estaba "preso de los rebeldes por haberse negado a sumarse al movimiento faccioso", se anunciaba "Cómo fue fusilado por los facciosos el señor Sunyol".
De la muerte del presidente del Fútbol Club Barcelona sobre la que con posterioridad se dieron diversas versiones, ABC decía:

Hemos obtenido interesantes detalles relacionados con el fusilamiento del diputado de Esquerra Republicana Sr. Sunyol.

"El Sr. Sunyol salió en un coche militar que conducía un soldado del Parque Móvil de Automovilismo, y que hasta no hace mucho tiempo fue el chófer del ex coronel Aranda, jefe hasta ayer de los sublevados de Oviedo.
Pasó el coche del grueso de las fuerzas leales y rebasó las avanzadillas de milicianos a gran velocidad. Una de estas con fusiles y ametralladoras hizo unos disparos para llamar la atención de los viajeros sobre el peligro que corrían en el caso de seguir ascendiendo la montaña. Sin duda no se oyeron estas indicaciones, y de pronto tuvieron que verse dentro de las avanzadillas de los facciosos, que los capturaron.

Los prisioneros fueron juzgados en procedimiento sumarísimo y ejecutados en pleno campo. Sus cadáveres, por noticias recibidas de elementos de absoluta confianza de las fuerzas leales, aparecieron junto a la cuneta y en el kilómetro cincuenta y dos de la carretera del Gua­darrama. Pero ahora resulta que los cadáveres hallados han sido tres y los ocupantes del coche eran cuatro: el Sr. Sunyol, el secretario del director general de Obras Públicas, un teniente de milicias y el chófer alu­dido anteriormente.

Resulta pues, algo incomprensible el suceso, que no está del todo esclarecido. Hemos de decir, no obstante, que el chófer es, o era, un hombre muy obediente a quien por motivo de la sublevación militar se le habían confiado misiones delicadas, que cumplió rigurosa y exactamente.

Entre estas misiones figura la de haber llevado a las columnas leales que operan para limpiar de facciosos la provincia de Córdoba, documentos y municiones, que siempre llegaron en el tiempo previsto.

Sus compañeros chóferes nunca sospecharon de él y, aunque muy parco en todo momento, no ocultó repetidas veces su admiración por el ex coronel Aranda, a quien había servido de chófer durante bastante tiempo."

El lugar en el que fue asesinado es conocido como "La casilla de la muerte" porque allí se hallaba una caseta de peones camineros en donde fueron asesinadas otras personas. Está en la sierra de Guadarrama, en la subida al Alto del León, hoy conocido como puerto de Los Leones. Fue fusilado el 6 de agosto de 1936 y en el lugar en que murió se erigió un monolito en su memoria, en 1996, por Joan Raventós, presidente del Parlamento de Cataluña, y Jaume Sobrequés, profesor universitario y directivo del Fútbol Club Barcelona.

El Sol, en su edición del 18 agosto, publicó la siguiente información:

LOS DEPORTISTAS MADRILEñOS ORGANIZAN UN NúCLEO DE FUERZAS VOLUNTARIAS.

"Los deportistas madrileños, por iniciativa de la Federación Nacional de Fútbol, se ocupan estos días en la formación de un núcleo de fuerzas voluntarias que llevará el nombre del malogrado José Suñol, presidente que fue del Barcelona F. C. En esta nueva fuerza pueden inscribirse cuantos deportistas se muestren dispuestos a defender las libertades republicanas. El cuartel de la nueva milicia ha sido instalado en la planta baja del Madrid F. C.

La salida de deportistas para el frente se verificará el día 7 de septiembre. El día anterior se verificará un festival en el campo del Madrid en el que, luego de un partido que jugarán los primeros equipos del Madrid y del Valencia, será entregado a los milicianos del deporte un banderín.

La recaudación que se obtenga en el partido a que nos referimos será destinada a los hospitales de sangre."

De este partido no hay constancia de que se celebrara. En el Batallón Deportivo sí se creó una compañía que llevó el nombre del presidente barcelonista, que también había sido presidente de la Federación Catalana de Fútbol entre 1929 y 1930.




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