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Martes, 02 de septiembre de 2014
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Libros  Novela

El exiliado de aquí y allá

Juan Goytisolo

Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores. 152 páginas, 18 euros
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RICARDO SENABRE | 04/09/2008 |  Edición impresa


Juan Goytisolo. Foto: Domenec Umbert

Un nuevo título de Juan Goytisolo (Barcelona, 1931) es siempre una buena noticia. Después de haber ensayado sucesivamente diversas modalidades de relato, desde el más tradicional de sus ya lejanas primeras novelas hasta los más novedosos y rupturistas -la fragmentación, los cambios de perspectiva y de voz narrativa, los desdoblamientos, la abolición de las fronteras cronológicas, el juego con la frontera entre realidad y ficción y otros procedimientos-, y siempre con plena conciencia de su función literaria, no cabe ya esperar de un autor como él una narración lineal, ni tampoco un puro ejercicio exhibicionista de estética narrativa, sino historias enjundiosas, donde la mirada crítica y sarcástica es la propia de un escritor que siempre ha defendido una literatura al servicio de la vida y de la sociedad. Una obra tan homogénea y personal -especialmente a partir de Señas de identidad- debe forzosamente, a pesar de su aparente diversidad, esconder nexos, analogías, relaciones intratextuales.

El exiliado de aquí y allá es, en el fondo, el mismo personaje que nace en Señas de identidad, se transfigura en obras como Makbara o Reivindicación del Conde Don Julián y, finalmente, ocupa el espacio central de Paisajes después de la batalla, ya identificado como el “monstruo del Sentier” -barrio parisiense donde vivió Goytisolo-, para revivir aquí, exiliado una vez más, pero no de una ciudad a otra, no “del burgo (Barcelona) a la medina (París)”, sino de un Más Acá a un Más Allá -o a la inversa, según la perspectiva que se adopte-, tras el atentado terrorista que lo centrifugó a una remota dimensión en Paisajes después de la batalla. Hay entre ambas obras un vínculo estrecho, por tanto, que aquí no es posible detallar, como lo hay igualmente, aunque de otra naturaleza, con la obra anterior, Telón de boca.

Pero, mientras que el discurso de aquella novela constituía una especie de disección sentimental, éste del Exiliado es de carácter social y político. El “monstruo del Sentier”, en efecto, se mueve en un mundo de fronteras borrosas, atravesado por mensajes y representado por ese ciberespacio que se ha convertido en el ámbito esencial de las relaciones humanas. La multiplicación de comunicaciones y consignas contradictorias, el imposible diálogo entre culturas, la vigilancia constante a que viven sometidos inmigrantes, trasterrados, fugitivos y otros productos enajenados de la globalización, los tiranos indestructibles (“El Je-fe un-gi-do ja-más se-rá ven-ci-do”), las infinitas organizaciones terroristas que aparecen y reaparecen con otros nombres, los seres de iden-
tidades cambiantes atraviesan el espacio de la novela, incrustados en breves capítulos que oscilan entre el mensaje electrónico y la parodia feroz de ciertos discursos oficiales, dibujando un mundo en el que el Monstruo contempla “el derrumbe de las utopías de su tiempo, arrinconadas por el supuesto pragmatismo de un desarrollo sostenible, pero desmentido a diario por la inquietante acumulación de nubarrones, cirros o estratos en el exiguo planeta en donde sin provecho alguno vivió” (p. 39).

Como es habitual en Goytisolo, el autor asoma con frecuencia por detrás del personaje para evocar algunas de sus más conocidas actitudes, o parodiar, con remedos ensayados ya como rasgos estilísticos desde Señas de identidad, a quienes le recomiendan variar su literatura: “¿Por qué no escribía historias como las que enganchaban al público y se encaramaba de una vez al palmarés de los campeones de ventas? ¡Una novela de acción y suspense, con mafias, sectas esotéricas, rituales secretos, profecías apocalípticas! Todo ello sazonado con odios ancestrales y sexo, ¡mucho sexo!” Pero “el Monstruo ha muerto[…] La vida no le enseñó nada […] y cosecha los laureles de un merecido silencio y reprobación” (p. 24). Esta reflexión anovelada, donde se decantan experiencias de muchos años, ofrece una visión acre del mundo y del propio narrador. El capítulo penúltimo, titulado -y no por casualidad- “De la nada a la nada”, trata de resumir dramáticamente una existencia, para dar paso al postrero, encabezado por un “Adiós” de inequívoco sentido que cierra un discurso duro y desolador -a pesar de sus leves toques humorísticos- de un escritor que toma en serio la literatura.


Algo personal

l Tras publicar Telón de boca en 2003 anunció que abandonaba la novela: ¿por qué cambió de opinión?
-En realidad entonces no renuncié a nada, sólo pensaba que no tenía nada más que decir, y que ya había demasiados autores que escriben sin necesidad. El exiliado de aquí y allá fue surgiendo poco a poco: hace tres años me di cuenta de que había escrito media docena de textos independientes pero que no eran islas.
l ¿Qué tienen que ver Goytisolo, el terrorismo, la credulidad y la literatura?
-Quizá la conciencia de que desde el 11-S vivimos atrapados entre el consumo y el terror, y que el terror se ha convertido en una mercancía muy rentable.
l ¿Cómo le ha ido por el ciberespacio? Porque creo que sigue escribiendo a mano, con un boli de a euro...
-Sí, yo sigo siendo un amanuense, pero vivo rodeado de gente que conoce mucho Internet.
l ¿Es la falta de humor uno de los mayores defectos de nuestra literatura?
-Sin duda alguna, es una de nuestras grandes lacras, como lo es que muchos autores se tomen demasiado en serio a sí mismos y muy poco a su trabajo.
l En cambio, en su libro prima la ironía...
-Sí, y la autoparodia, que me permite ser irónico con el mundo y la sociedad. Siempre me he reído de mí mismo. Desconfío de quien que se toma muy en serio.
l ¿Y qué hay del resentimiento contra quien, como usted, sigue su propio camino ajeno a modas?
-Que una obra sea atacada demasiado es la mejor muestra de que está viva, porque nadie se rebela contra algo muerto. Hay que tomarlo como un elogio
l ¿Mantiene su diagnóstico de que vamos a menos, en la literatura y en la ética también?
-En la literatura hay algunos poetas de gran calidad, y también escritores jóvenes, minoritarios, pero que mantienen viva la novela. Y tampoco se puede pedir a un escritor una ética cuando su alrededor la niega.
l ¿Se pasea con la misma soltura que el Monstruo de Sentier por la frontera entre Sistema y Antisistema?
-El Monstruo comprende que Sistema y Antisistema se retroalimentan, y que hay demasiada gente que habla de ética como si de una mercancía se tratara.
l ¿No es sorprendente que se le sigan resistiendo premios como el Príncipe de Asturias o el Cervantes?
-No son los premios los que honran a los escritores, sino los escritores los que honran a los premios, como pasó con Sánchez Ferlosio y el Cervantes.
-¿El ser exiliado de aquí y allá ha podido perjudicarle?
-No me importa el éxito. A mi edad se es libre, ya no se espera nada, ya no se teme nada. Por Nuria Azancot


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