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revista de libros


Edición impresa |  LIBROS

Pétalos

Guadalupe Nettel

Anagrama. Barc., 2008. 144 pp., 13 e.

  • Resultados:

ERNESTO CALABUIG | Publicado el 11/09/2008

Pétalos, de Guadalupe Nettel (México, 1973), aparece ante los lectores con un súbtitulo / advertencia de verdad orientativo: “Y otras historias incómodas”. Seis son los relatos que contiene la colección y no puede negarse que tienen en común irradiar sobre el lector inquietud e incomodidad a distintos niveles y en diferentes grados y que el grado más alto (hasta repugnancia) se alcanza precisamente en la narración que da nombre al libro: Pétalos, con su intruso olfateador de aseos de mujeres. ¿Cómo es posible entonces que estos textos resulten a la postre sugestivos y estimulantes? Quizá porque las narraciones de Nettel saben ser dulces y seductoras incluso a la hora de hacer temblar nuestras conciencias, o quizá porque toda la obra pivota sobre un delicado juego de atracción y repulsión. Su novela El huésped tenía ya mucho que ver con el enfrentar miedos íntimos y lados oscuros. Y de miradas que se sostienen donde otros la apartarían, va la primera narración, “Ptosis”, la historia de un fotógrafo que trabaja en la consulta de un cirujano de párpados en París: el mirar analítico de Nettel se contagia a ese narrador capaz de cuestionar qué sea lo monstruoso, o de aceptarlo hasta enamorarse perdidamente de una distinguida paciente. La felicidad está hecha de cosas tan pequeñas como un paseo con ella antes de su operación: “De haber llevado la cámara tendría ahora alguna prueba, no sólo de la mujer ideal sino también del día más alegre de mi vida”.

Otro mirar, el de voyeurs que se espían de ventana a ventana, es el de “Transpersiana”, interesante interpretación de los movimientos de las vidas ajenas, donde el erotismo va ganando espacio, y con el misterio final acerca de quién es en realidad el observador y quién el observado y qué sabían previamente el uno del otro. El texto de ambientación japonesa “Bonsai”, el más largo y elaborado de la colección, describe la crisis de una pareja en una atmósfera oriental de calles bajo la lluvia e invernaderos y habla, sobre todo, de la incomunicación. Pero el cuento realmente logrado, la joya de la colección, es “El otro lado del muelle”, luminosa evocación del veraneo de una chica adolescente en una isla de pescadores acompañada de sus entonces jóvenes, entusiastas y hippies tíos, empeñados en retechar el viejo caserón que compraron: la narradora desea escapar temporalmente de las peleas de sus padres, de una “sórdida secundaria de la ciudad de México” y de sus complejos físicos, con una vaga idea de lo que será el paraíso. “Bezoar” es la bitácora de los días de una modelo en una clínica de desintoxicación, el análisis de las compulsiones y adicciones, de los hábitos que destrozan.

Nettel impone su narrar sereno y sobrio sobre la dureza de los temas. Su valentía estriba en acercar la cámara y hablar de lo que muchos dejan en sombra.





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