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ERNESTO CALABUIG | Publicado el 11/09/2008
Pétalos, de Guadalupe Nettel (México, 1973), aparece ante los lectores con un súbtitulo / advertencia de verdad orientativo: Y otras historias incómodas. Seis son los relatos que contiene la colección y no puede negarse que tienen en común irradiar sobre el lector inquietud e incomodidad a distintos niveles y en diferentes grados y que el grado más alto (hasta repugnancia) se alcanza precisamente en la narración que da nombre al libro: Pétalos, con su intruso olfateador de aseos de mujeres. ¿Cómo es posible entonces que estos textos resulten a la postre sugestivos y estimulantes? Quizá porque las narraciones de Nettel saben ser dulces y seductoras incluso a la hora de hacer temblar nuestras conciencias, o quizá porque toda la obra pivota sobre un delicado juego de atracción y repulsión. Su novela El huésped tenía ya mucho que ver con el enfrentar miedos íntimos y lados oscuros. Y de miradas que se sostienen donde otros la apartarían, va la primera narración, Ptosis, la historia de un fotógrafo que trabaja en la consulta de un cirujano de párpados en París: el mirar analítico de Nettel se contagia a ese narrador capaz de cuestionar qué sea lo monstruoso, o de aceptarlo hasta enamorarse perdidamente de una distinguida paciente. La felicidad está hecha de cosas tan pequeñas como un paseo con ella antes de su operación: De haber llevado la cámara tendría ahora alguna prueba, no sólo de la mujer ideal sino también del día más alegre de mi vida.









Guadalupe Nettel