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Martes, 02 de septiembre de 2014
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Lévi-Strauss y el estructuralismo

Por Marc Augé


La búsqueda del orden tras el desorden

Viajero irredento de trópicos tristes, ejecutor melancólico del humanismo, archivista de parentescos y mitologías, estructuralista contenido ajeno a las modas, Claude Lévi-Strauss cumple el 28 de noviembre 100 años. El, hace más tres décadas, jubilado profesor de antropología del Còllege de France, tal vez el más importante intelectual francés de la pasada centuria, sobrevive perplejo en el siglo XXI pero su reino ya no es de este mundo. Nos adentramos en su legado y en el del Estructuralismo de la mano del prestigioso antropólogo francés Marc Augé, quien nos descubre las principales coordenadas de la teoría filosófica que sacudió los años 60, y de la de filósofos como Manuel Cruz, J. J. Sebreli y Manuel Barrios.


 | 27/11/2008 |  Edición impresa


Stèphane Gladieu/Getty Images

La obra de Lévi-Strauss ha contado con un lento proceso de elaboración a lo largo de muchos años, lo que explica su variedad de contenidos y temáticas. Se trata realmente de una producción intelectual en cuya riqueza podemos encontrar muchas fuentes de inspiración, aunque para ello no tengamos que introducirnos necesariamente en la esfera de influencia de la teoría estructuralista. A pesar de ello, seguimos teniendo que retomar el significado del concepto “estructuralismo”. Numerosos autores de los años sesenta hicieron avanzar la reflexión acerca de la sociedad, prolongando el análisis de la alienación en lo social que hizo Lévi-Strauss. En efecto, en la Introducción a la obra de Marcel Mauss, resaltaba que, hablando con propiedad, aquél a quien llamamos mentalmente sano es en realidad el que se aliena, puesto que consiente en existir en un sistema definido por la relación entre yo y el otro. Después de él, Cornelius Castoriadis puso de manifiesto que todas las instituciones eran sistemas simbólicos sancionados. Louis Althusser destacó, por su parte, que los propios integrantes de la clase dominante estaban alienados por la ideología dominante.

En resumen, lo más claro de la dimensión simbólica del estructuralismo se expresa en el tema del apriorismo de lo simbólico. La dependencia del “sujeto” frente a un sistema de sentido (social) que siempre existe antes que él es la aportación más perdurable del estructuralismo de Lévi-Strauss. Es la intuición fundamental que ha regido unas obras que difieren entre sí en otros aspectos. En los años sesenta y setenta se puso en práctica un uso indudablemente excesivo del concepto de estructura, desde el psicoanálisis de Lacan al marxismo de Althusser, pero Lévi-Strauss, que tenía una concepción exacta y operativa de su método, no se reconoce en él. Estaría dispuesto incluso a sugerir que quien ha influido ante todo en el “estructuralismo” de las ciencias humanas es precisamente el Lévi-Strauss pre-estructuralista, el de la Introducción a la obra de Marcel Mauss.

La referencia al estructuralismo ha podido crear la ilusión de que las ciencias humanas eran, por su método, el equivalente de las ciencias exactas, lo cual no tiene sentido, puesto que el objeto de éstas sigue siendo histórico, que se toma de la propia Historia y que varía con ella. El universo que estudian actualmente los científicos es el mismo que el del siglo pasado o, si ha cambiado, sus cambios no son históricos, ligados a una historia que es también la de los que los observan, como en el caso de las ciencias humanas.

Así, el estructuralismo sigue siendo actual y útil en tres sentidos. En primer lugar, define un método para el estudio de algunos fenómenos, como los del parentesco , que los discípulos de Lévi-Strauss defienden incluso en el contexto de las sociedades industriales. En segundo lugar, proporciona un instrumento de análisis crítico para el estudio de las ideologías e ilusiones de la evidencia que nos invaden en la actualidad. En tercer lugar, propone un método materialista que aborda el funcionamiento del cerebro a través de sus creaciones institucionales y de sus obras. Actualmente, el cognitivismo toma el mismo camino, pero por el otro extremo, el del aprendizaje. La brecha entre los dos extremos no está próxima a cerrarse, pero la dirección es la adecuada.

En el mundo actual, el objeto de la antropología sigue siendo el mismo: la relación y, más específicamente, la relación social (entre uno y el otro, uno y los otros, los unos y los otros) en su contexto. En el mundo de hoy lo que ha cambiado es el contexto. A propósito de éste, se habla de globalización (económica y tecnológica), de urbanización (el mundo se convierte en una aldea y las grandes aldeas son mundos), de comunicación y de circulación. Pero los cambios del contexto afectan a la relación en sí misma. Las fronteras entre uno y el otro, entre lo actual y lo virtual, lo real y la ficción, se alteran. Por su objeto empírico (los pequeños grupos), su objeto teórico (la relación) y su vocación crítica (apta para desmontar cualquier forma de mitificación), la antropología tiene la vocación específica de estudiar el mundo contemporáneo bajo su doble y contradictorio aspecto: homogeneización y afirmación de las diferencias.




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