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LIBROS
Los pozos de la nieve
Berta Vias Mahou
Acantilado. Barcelona, 2008. 224 páginas, 17 euros
ÁNGEL BASANTA | Publicado el 16/01/2009
Entre las narraciones españolas que en los últimos años han recreado tragedias personales o familiares durante la guerra civil y la posguerra destacan algunas excelentes novelas de R. Chirbes (La buena letra y La larga marcha, en especial), las justamente celebradas Los girasoles ciegos, de A. Méndez, y El corazón helado, de A. Grandes. En esta línea se inscribe la última novela de Berta Vias (Madrid, 1961), con un planteamiento más elíptico y fragmentario acorde con su menor extensión. En Los pozos de la nieve hay cualidades de gran novela, tanto en su conflicto temático como en la complejidad de las técnicas narrativas empleadas para contar la dramática historia plural de dos familias entrecruzadas en las dos guerras.
La española es una familia ligada a la República, con miembros asesinados en Madrid por milicianos cargados de sinrazón en tiempos de odio. La otra es una familia teutona con ramificaciones en España y un grave conflicto entre ciertas simpatías por la Alemania hitleriana y la temible ascendencia judía que vela su pasado. Ambas están emparentadas por el matrimonio de algunos de sus miembros y por la descendencia habida sin llegar al matrimonio a causa de la huida o la muerte del padre en tiempos de guerra o en la posguerra enturbiada por la incomprensión y el rencor entre componentes de la misma familia.
No hay maniqueísmos en la historia novelada, por trágica que haya sido en su transcurso, con padres y hermanos ejecutados por asesinos del mismo bando. Tampoco se ocultan sorpresas que garantizan el interés de lectores con diferentes exigencias, atraídos por el suspense derivado del progresivo conocimiento de unas historias familiares tan accidentadas, con hombres republicanos cuyo padre y hermano cayeron asesinados por hordas del mismo bando y con mujeres generosas en su entrega a los demás, y que acaban apareciendo en listas de agentes alemanes protegidos por el régimen de Franco en la posguerra.
Estos aspectos temáticos resaltados en apretado resumen sostienen el alto mérito artístico de Los pozos de la nieve, donde algunos personajes encarnan el heroísmo de sobrevivir cercados por el frío de la vida, el odio y la sinrazón en tiempos muy difíciles. El acierto literario se acrecienta con el pertinente manejo del contraste entre la lucha de unos padres por salvar la vida de sus hijos al nacer y su muerte ante el absurdo desatado por la locura humana; el paralelismo y la simetría hábilmente diseminados en el texto, con motivos recurrentes que anudan su dispersión en el fragmentarismo y la variedad, como, por ejemplo, la frase repetida hay lugares impregnados de dolor, o la coincidencia entre apertura y cierre de la novela, con el último descendiente de ambas familias (Samuel) ante las tumbas de un cementerio de soldados alemanes en España, situado en un presente narrativo a finales del siglo XX y entregado a la reconstrucción de la memoria de su familia, que tantas sorpresas le descubre a él y a los lectores. Y en su proceder como depositario de la memoria familiar se halla el mayor acierto formal de la novela, contada por un narrador omnisciente que adopta con frecuencia la voz y la visión de Samuel, a veces en segunda persona autorreflexiva como vehículo de ensimismada reconstrucción del pasado por medio de la memoria y la imaginación, con documentos y testimonios de algunos familiares. Con todo ello se completa una buena novela que conmueve y emociona por la intensidad dramática muchas situaciones y el aliento poético de una prosa de ritmo entrecortado, acorde con el conflicto rememorado, y cargada de lirismo.en la posguerra.
Estos aspectos temáticos resaltados en apretado resumen sostienen el alto mérito artístico de Los pozos de la nieve, donde algunos personajes encarnan el heroísmo de sobrevivir cercados por el frío de la vida, el odio y la sinrazón en tiempos muy difíciles. El acierto literario se acrecienta con el pertinente manejo del contraste entre la lucha de unos padres por salvar la vida de sus hijos al nacer y su muerte ante el absurdo desatado por la locura humana; el paralelismo y la simetría hábilmente diseminados en el texto, con motivos recurrentes que anudan su dispersión en el fragmentarismo y la variedad, como, por ejemplo, la frase repetida "hay lugares impregnados de dolor", o la coincidencia entre apertura y cierre de la novela, con el último descendiente de ambas familias (Samuel) ante las tumbas de un cementerio de soldados alemanes en España, situado en un presente narrativo a finales del siglo XX y entregado a la reconstrucción de la memoria de su familia, que tantas sorpresas le descubre a él y a los lectores. Y en su proceder como depositario de la memoria familiar se halla el mayor acierto formal de la novela, contada por un narrador omnisciente que adopta con frecuencia la voz y la visión de Samuel, a veces en segunda persona autorreflexiva como vehículo de ensimismada reconstrucción del pasado por medio de la memoria y la imaginación, con documentos y testimonios de algunos familiares. Con todo ello se completa una buena novela que conmueve y emociona por la intensidad dramática muchas situaciones y el aliento poético de una prosa de ritmo entrecortado, acorde con el conflicto rememorado, y cargada de lirismo.
Algo personal
l ¿Cada palabra es una lucha, una lucha con el deseo de callar?
-Sí, me cuesta hablar, también escribir. Como al narrador, que a veces parece que tartamudea, que le cuesta hablar, porque algunos recuerdos duelen. O incluso dan vergöenza.
l Hablando de memoria y silencios: ¿se puede evitar que la recuperación de la memoria se instrumentalice?
-Me temo que no. Cada uno hace con la memoria lo que puede, lo que sabe. O tal vez lo que quiere, lo que se propone. Cada escombro o cada fragmento que se recupera no es más que una aproximación.
l ¿Volver la vista al pasado evita tomar posiciones en el presente?
-No necesariamente. Se trata de una estrategia a la que han recurrido algunos escritores cuando no han podido hablar. Lo hizo Zweig en Castellio contra Calvino. Al describir la maquinaria de represión que se puso en marcha en la ciudad de Ginebra bajo el poder de Calvino, estaba hablando de su propia época. Y de la nuestra. Un buen lector es capaz de deducir los peligrosos paralelismos.