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revista de libros


Edición impresa |  LIBROS

Un mortal sin pirueta

Ernesto Calabuig

Menoscuarto, 2008. 180 páginas, 14,50 euros

  • Resultados:

Care SANTOS | Publicado el 23/01/2009

La memoria tiene muchas caras y, sin duda, la nostalgia es una de ellas. Incluso nostalgia por lo que no se ha vivido. En ese sentido, la narrativa española más reciente está llorando hace varias décadas su propio pasado y, en lo referente a los escritores más jóvenes, lamiéndose unas heridas que no sufrió en propias carnes, sino a través de la tristeza, la memoria, la nostalgia de sus mayores. En ese terreno de lo realista y lo nostálgico cabe situar este primer libro de relatos de Ernesto Calabuig (Madrid, 1966), editor vinculado al mundo de la enseñanza y crítico literario.
Podría decir que, en conjunto, el sentimiento que más planea sobre estos quince relatos es la tristeza. Pero eso sería quedarse corto. Son historias protagonizadas por hombres y mujeres que perdieron sus últimas oportunidades; que tal vez nunca las tuvieron y por eso se aferran a un detalle nimio, un minúsculo momento de gloria vi-
vido hace mucho tiempo (como el protagonista del relato “El momento estelar de alguien poco importante”); o que dedican un esfuerzo innecesario a convencer a un mundo que ya no les escucha de que las cosas no fueron como otros explicaron (como el personaje central del relato que da título al libro) o que viven en las palabras o las imágenes que otros retuvieron (como los protagonistas de “Fotocomposición del señor Gattinara” y “La pinada”).
Me parece significativo que haya tantos maestros en estas páginas. Maestros comprendidos, incomprendidos, recordados al cabo de los años. Sin embargo, puede que el único prota-
gonista de estos magníficos relatos sea el tiempo. El tiempo en relativo, porque de todo “hace tanto y no hace tanto, según la idea que cada uno tenga” (pág. 139). En realidad, no hace nada: todos viven aún, porque las palabras, como la foto del señor Gattinara “detienen, congelan heroicamente, cualquier después”. Sobre todo si calan hondo, como éstas.





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Adiós a la pasión. Gracias, Steve.

Ernesto Calabuig. Foto: Archivo del autor