Los libros sobre los 80 se escriben sin pelotas ni corazón
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NURIA AZANCOT | Publicado el 06/02/2009
Novelista accidental, DJ y periodista, Kiko Amat (Sant Boi, 1971) retrata en Rompepistas (Anagrama) sus 17 años punkis y desfasados en una ciudad del extrarradio barcelonés, una adolescencia de rata con botasde la que sigue haciendo bandera.
Pregunta: ¿Qué le ha prestado Kiko Amat a su Rompepistas?
Respuesta: Las emociones, la confusión, la debilidad mezclada con cierto orgullo personal, la arrogancia como camuflaje... Muchas cosas, es un 70% yo mismo a los 17 (aunque más listo). Sólo le puse gafas para disimular. Y le di asma, al pobre.
P: ¿Qué cree que diría si hoy leyera esta novela?
R: Al fin alguien ha contado todo esto, joder. Creía que tendría que estar repitiéndolo en bares de mierda el resto de mi vida
P: ¿Qué le queda de esa gente que uno no quiere conocer, porque viene de lugares adon-de uno no quiere ir?
R: Son mis amigos más antiguos, y la gente con la que compartí los 17. Esos vínculos son indestructibles. Nadie más que ellos puede comprender esa parte de mi experiencia vital. El libro es un homenaje a esos chicos con botas.
P: ¿Alguna vez, como Rompepistas, perdió su nombre?
R: Alguna vez, como Rompepistas, quise olvidar de dónde vengo y lo que soy y lo que me hizo así. Pero nadie olvida jamás.
P: ¿Cómo y cuándo lo recuperó? ¿en Londres?
R: No, más bien todo lo contrario. En Londres aún luchaba con todas mis fuerzas por deshacerme de una parte de mi legado. Cuando vi que era imposible, decidí abrazarlo para siempre jamás. Es lo justo.
P: ¿Y cómo conquistó su lugar en el mundo?
R: El lugar que ocupo en el mundo viene dado en línea recta por las cosas que aprendí esos años. Mis 17 son mi genética; todo lo que soy se explica por esa adolescencia de rata con botas.
P: ¿De qué sigue sintiendo sez?
R: Sez sólo se utiliza para la sed de borrachera grande. En ese sentido, la sigo teniendo a menudo. Vengo de una cultura de bebedores sociales, qué quieres.
P: ¿Y como escritor?
R: Sigo pensando, como dijo el viejo odre de Bukowski, que style means no shield at all. Como Smokey Robinson, intento mostrar el máximo de emoción personal y abrir mi corazón todo lo posible en cada cosa que hago. Mi alma está ahí, colgada en esos libros y artículos; que la gente la acaricie o le pegue cuatro escupitajos ya no es cosa mía. Yo solo quería ser honesto y puro.
P: ¿Piensa, como Rompepistas, que EL MAL es el poder?
R: Sí. Pero el poder tiene muchas formas, y la coerción se aplica de muchas maneras. Puede ser a hostias, pero también inculcando el sentimiento borreguil, de manada, asfaltando la vía de la conformidad para que nadie proteste.
P: ¿Por qué (en general) quienes narran la juven-tud callejera de finales de los 80 suenan falsos?
R: Esos libros no están escritos ni con el corazón ni con las pelotas. Sus autores buscaban un cierto tipo de notoriedad, en lugar de una Gran Verdad. No vienen de una gran exultación, o emoción, o un gran cabreo. Son una basura y todo el mundo lo sabe. Incluso sus autores. Es muy difícil camuflar la deshonestidad y el cinismo.
P: ¿Quién, de esos autores, le disgusta más, y a quién, en cambio, no ha dejado de admirar?
R: A pesar de mi ocasional neanderthalismo, soy educado como un inglés, así que no voy a nombrar uno en concreto. Pero sí puedo decir que gracias a uno de ellos decidí escribir narrativa. Pensé: Haga lo que haga, no será peor que este montón de estiercol. Por otro lado, el único novelista español que admiré, y en quien me reconocía (en cierto modo: por intención, y bagaje) era Casavella. Soy fan de dos autores semidesconocidos: Pablo Rivero (de Gijón) y Carlos Herrero (de Madrid).
P: ¿Qué sería de esta novela sin la música?
R: Los discos fueron el único ejemplo de belleza que había a nuestro alcance en 1987. La única cosa sin mácula, pura y hermosa, que nos estaba permitido tocar, usar y vivir. Nada se explica sin ellos.
P: ¿Y de Kiko Amat?
R: Los discos y el amor son las cosas más im-portantes que conozco. Y los vermuts en junio. Y los zapatos blancos.
P: Rompepistas pone punto final a una trilogía sobre la adolescencia y juventud, ¿ahora qué?
R: Lo que me toca. Una novela sobre cuarentones confusos e igualmente acojonados que aquellos teenagers.