Calor
Manuel Vilas
Premio Fray Luis de León. Visor, 2008. 64 pp., 8 euros
- ( 06/02/2009 )
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Pocos poetas son capaces de enganchar al lector desde la primera línea de un libro de poemas, y son menos aún los que consiguen que emoción y conciencia caminen juntos en alta tensión a lo largo de todas sus páginas. Manuel Vilas (Barbastro, 1962) es uno de ellos, y Calor uno de los libros principales del pasado año poético. No es nada nuevo: en la trayectoria de Vilas Calor avanza en una reflexión abarcadora, y en última instancia política, a partir de la inflexión poética inaugurada con El cielo (2000), su cuarto libro, y ampliada en los distintos escenarios urbanos y textuales de Resurrección (2005) a una obstinada afirmación de la vida pese a tanta miseria y tanto sinsentido cotidianos.
Desde la mezcla de sarcasmo corrosivo, socarronería aragonesa, imaginación desbordante y arrebato confesional que fundamentan sus poemas, desarrolla el autor un estado de conciencia exasperada que viene a ser también una crónica carnavalesca de la educación sentimental de su generación y clave lírica de la indagación lingöística que es, sin duda alguna, otro de los aspectos más valiosos y atrayentes de los quince poemas que componen Calor.
En verso libre y en prosa estos poemas sitúan el libro en un territorio que desborda las fronteras tradicionales entre los géneros y que resulta el vehículo mejor para el sentido del libro. Hace tiempo que Vilas viene insistiendo en el carácter unitario de toda su escritura y, sin duda, es la experimentación en este hibridismo la que le proporciona la plasticidad técnica y la libertad expresiva que exige su propuesta. Los distintos niveles del discurso funden contundentemente lirismo y narratividad en paralelo a su novela España (DVD, 2008) y como combativa reafirmación de una toma de postura que pasa revista, con gran variedad de tonos, a cuestiones que a todos implican: el machismo (Amor mío), las drogas (Cocaína), el sida, la guerra de Irak (Walk on the wild side), etc. Literatura, música, ciudades, personajes de la historia contemporánea se acumulan en el fluir de unos textos cuya voz principal muta constantemente de identidad y de registros: la parodia burlesca sobre el guilleniano Aire nuestro, que da título a un poema sobre el calentamiento global; el alucinado y esperpéntico recorrido nocturno por la realidad contemporánea española del poema inicial La lluvia o del irónicamente titulado Fraternidad, que va cargando de carácter político la lectura del conjunto; la sátira, en fin, del logrado antipoema navideño El árbol de la vida, de referencia obligada: Ninguna revolución a la vista. Ninguna clase social tratando de salir de la mugre. Esta mugre inmensa [
] Este aburrimiento universal. Todo ello entremezclado con textos que son conmovedores de otra manera y que adensan esta renovada poesía de compromiso crítico desde el intimismo de un personaje que se llama como el autor: la tremenda elegía fúnebre que es El crematorio, el homenaje al tiempo perdido que condensa la despedida de su viejo automóvil (HU-4091-L), los siniestros recuerdos del servicio militar (1985), etc.
Calor es, en suma, el mejor libro de poemas de Manuel Vilas hasta el momento, uno de los verdaderamente necesarios de los últimos tiempos y también uno de los pocos que permiten sostener la confianza en la poesía como algo más que una cuestión de palabras.
Francisco DÍAZ DE CASTRO