Los disparos, los tramas siniestras o el whisky no puede ocultar la verdad: la novela negra es hoy cosa de mujeres. Cuatro de las grandes damas del género, Sue Grafton (Louisville, 1940) y Donna Leon (Nueva Jersey, 1942), y las españoles Alicia Giménez Bartlett (1951) y Mercedes Castro (1975), nos descubren por qué eligieron este género, cómo influye la realidad en sus tramas, y quiénes son sus maestros.
La pasión por la novela negra les viene de lejos. En el caso de Sue Grafton, por ejemplo, desde la cuna, porque su padre, un abogado cuyo verdadero amor era la novela de misterio, escribió y publicó tres novelas negras; Donna Leon descubrió el género policiaco en la escuela, lo devoró en la universidad, aunque la idea de dedicarse al mismo surgiera hace veinte años, tras una conversación con un amigo. En cambio, para Giménez Bartlett se trataba de una manera de hablar de la realidad circundante, de la gente de la calle y de la actualidad sin caer en el costumbrismo ni virar hacia el periodismo. Era también la oportunidad de incluir mucho humor en mis historias, que son mucho más negras y trágicas cuando no son novela negra. Y Mercedes Castro, que debutó en el género el año pasado con Y punto (Alfaguara) se inclinó por la novela negra porque como escritora me permitía mostrar el machismo que aún impera en algunos ambientes laborales de nuestro país y lo duro que es para una mujer actual compaginar trabajo y vida privada sin dejarse el alma en el empeño.
Entre mujeres Cada una de ellas defiende a su detective. La de Grafton es Kinsey Millhone, y le ha permitido crear un diccionario criminal que comenzó en 1990 con A de adulterio y que acaba de llegar a la T de Trampa (todos en Tusquets); la de Giménez Bartlett es la cinematográfica Petra Delicado (Planeta y Destino); la de Castro es la inspectora Clara Deza, y Donna Leon apuesta por el comisario Brunetti (Seix Barral). Quizá por eso, y por la sombra alargadísima de Ruth Rendell, Patricia Highsmith o P. D. James, la primera pregunta es inevitable:
-¿Las mujeres son las mejores en este género? -Mercedes Castro: Donna Leon sostiene con toda lógica que, en los inicios del género, no molestaba que las mujeres escribieran novela negra porque éste era considerado menor, por lo que muchas autoras optaron por él sólo porque encontraron menos oposición en editores y lectores. Así que lo que muchos afirman de que estamos mejor dotadastal vez sea bonito, pero no real.
-Sue Grafton: Creo que hay fabulosos autores de misterio de ambos sexos. Hubo un tiempo en que la novela negra era cosa de hombres, pero ahora el panorama es muy abierto. Confieso que conozco muy poco a los escritores españoles, pero espero corregir mi ignorancia pronto.
-Giménez Bartlett: No creo demasiado en la diferencia de género cuando se escribe. Sin embargo, creo que las mujeres hemos dotado a la novela negra de profundidad. Los escritores varones son más dados a la ambientación, a la descripción, a la acción. Las escritoras nos ocupamos más de la caracterización psicológica de los personajes. Pongo como ejemplo a Ruth Rendell.
-Donna Leon: No sé si las mujeres son las mejores, pero muchas de ellas lo son, y esto es cierto en todos los países.
-Sus obras destacan por su realismo, pero ¿cómo se documentan? ¿Obtienen ideas de los periódicos, por ejemplo? -Donna Leon: Desde luego, muy a menudo mis argumentos nacen de los titulares de los periódicos.
-Sue Grafton: Yo devoro las secciones de sucesos de periódicos y revistas, pero creo que los crímenes reales no son demasiado interesantes. También busco en internet la información disponible relacionada con el tema en el que trabaje.
-Giménez Bartlett: Me gusta escoger temas que se hayan convertido en una preocupación social, pero que tengan un fuerte componente humano, que incidan en el lado oscuro del hombre.
-M. Castro: En mi caso, lo cierto es que durante cuatro años compartí piso con una policía nacional y logré que me dejara acompañarla en alguna actuación. No hay labor de documentación comparable a que te saquen a pedradas de un poblado chabolista por mucho que vayas en un coche-patrulla. Los datos médicos y judiciales surgieron a base de molestar a expertos. Básicamente, ser escritor consiste en incordiar a la gente.
Las suyas son historias llenas de sorpresas... sobre todo después de editadas. Por ejemplo, a Donna Leon le asombra tanto el éxito de sus libros, como que a su Brunetti no le guste la ópera ni la música barroca; Grafton jamás soñó que sus novelas se vendieran tan bien y que Millhone encontraría un lugar en los corazones de los lectores, y, sobre todo, Mercedes Castro jamás creyó que una editorial tan importante como Alfaguara decidiera apostar, sin recomendaciones ni enchufes, por la voluminosa primera novela de una autora desconocida sólo porque el texto les gustó. En cuanto a los lectores, me sorprenden las pasiones que despiertan secundarios como Reme.
-¿Quiénes son sus maestros? -Mercedes Castro: Chandler, sin duda, pero también me alimento de otros autores negros como Patricia Higsmith, Jim Thompson o Elizabeth Sanxay Holding. De los que escriben en castellano me quedo en la actualidad con Juan Ramón Biedma, uno de nuestros escritores más personales que a todas luces merece más atención de la crítica y el gran público.
-Sue Grafton: Yo también adoro a Chandler, y a James M. Cain, Ross Macdonald, John D. MacDonald, Richard Prather... Comencé leyendo a Agatha Christie; Mickey Spillane me conquistó cuando era niña, y soy fan de P.D. James, Ruth Rendell, John Harvey, de Ian Rankin, y Robert Bernard
-Giménez Bartlett: Yo soy una esponja en cuanto a influencias. Pero puestos a especificar, diría que me he dejado llevar por el estudio psicológico de la mencionada Rendell y por el humor levemente autoparódico de Elmore Leonard.
-¿Considera la novela negra un pretexto para plantear otras cuestiones esenciales (y también morales), como la violencia de género o el machismo...? -Sue Grafton: Francamente, prefiero obviar las cuesiones políticas. No creo que deba uitlizar mis novelas para difundir mis opiniones personales, porque lo que me interesa en ellas es la psicología del crimen, Pero no creo que sea necesario hacer que los demás compartan mi punto de vista sobre cuestiones ajenas a la trama. Una novela policiaca no debería convertirse en una forma de propaganda.
-Giménez Bartlett: La novela negra no es un pretexto, sino un género con la suficiente entidad como para mantenerse por sí solo, y entre sus posibilidades intrínsecas figura poner el dedo en las injusticias. Pero es eso y mucho más: entretiene y, si está bien concebida puede llegar a apasionar al lector.
-M. Castro: No creo que sea un pretexto: creo que el afán de retratar nuestra sociedad está en la esencia de la novela negra y que aquéllas que no buscan más que la mera resolución de un crimen no pueden llamarse negras sino policíacas. Si quieres ser negro tienes que mojarte y sufrir, abandonar la comodidad de lo previsible y recrearte en la inmundicia y en la ironía.
-¿Qué opinan, por ejemplo, los autores más célebras del género hoy días, como alguna de ustedes (Donna Leon, Sue Grafton), y de Mankell y de Stieg Larsson? Sue Grafton: No he leído todavía a Stieg Larsson, pero tengo spobre la mesa sus tres novelas. En cambio, sí he leído a Henning Mankell, pero no lo suficientemente reciente como para poder opinar sobre él. Mankell es un escritor que quiero revisitar de nuevo, como a tantos otros autores del género.
-M. Castro: Sue Grafton me cansó pronto, creo que abandoné por la letra D; Mankell me deja fría, y no lo digo por hacer un chiste fácil con su nacionalidad. En cuanto a Larsson, no dudo de su calidad, pero lo novelesco de su muerte y los problemas con su herencia han ayudado enormemente a mitificarlo y a vender sus novelas. Si he de elegir me quedo con Donna Leon, es una mujer insobornable.
-Giménez Bartlett: Donna Leon es un valor seguro, Sue Grafton ha creado un gran personaje, Mankell es concienciado y reivindicativo pero irregular. Larsson es un excelente artesano intuitivo que no tiene la menor idea de escribir, pero es capaz de captar al lector.
-¿Podrían explicarnos un día cualquiera de trabajo, sus rutinas y horarios? -Donna Leon: Me levanto, tomo café, leo la Prensa en la cama y miro mis emais. Sólo entonces salgo de casa para tomar café con una amiga. Luego, voy a Rialto para comprar comida y vuelvo a sasa y trabajo el resto del día. Otros días, en cambio, después de levantarme, tomar café, y ver los emails, me dedico a mi otra pasión, la música clásica. Cuando no trabajo suelo viajar mucho por la música. También colaboro con una orquesta de música barroca, y que no escribo cuando estoy con ellos. O trabajo en mi jardín, o caminjo... La verdad es que no tengo una rutina . La única, en realidad, es que jamás hago ejercicio
-M. Castro: Y punto. nació en horas robadas al sueño y en el escaso tiempo que me dejaba mi empleo como editora. Como en este país es casi imposible vivir de la literatura, ahora durante el día compagino en mi domicilio mi trabajo de editora externa y la crianza de mi hija pequeña y por la noche, cuando todos duermen, regreso a mi escritorio cargada de cafeína y mucha voluntad para sentarme ante el teclado. Soy una escritora nocturna a la fuerza, y mis horas de sueño son incluso ahora más escasas.
-Giménez Bartlett: Yo trabajo cuatro horas por la mañana en novela. Voy al gimnasio o como con algún amigo. Por la tarde dedico un par de horas a preparar conferencias o colaboraciones en prensa. A veces voy al cine, que me gusta mucho. Ceno con mi marido y leo al menos dos horas diarias. Los fines de semana no trabajo jamás. Los paso en el campo, con mis perros y gatos, que son compañeros ideales. Aprovecho para leer mucho más.
Sue Grafton: Lo primero es mi familia, así que atiendo a mi marido y a mis dos gatos. tengo un contacto constante con mis tres hijos y, por supuesto, con mis nietos, de edades comprendidas entre los 4, 6 , 15 y 23 años. Leo todo lo que puedo, cuando puedo. También me gusta tejer, pero in pensar en los puntos ni desahcer la tela si me equivoco... Y pintar, aunque sólosea un poco cada día. me gusta la buena comida, la buenha bebida, y por la stardes vemos DVDs, procurando que no predominban ni mis gustos ni los de mi marido. Nuestra última pasión es ver los episodios pendientes de series televisivas. Considero mi vida plena y rica, y disfruto cada minuto.