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revista de libros


Edición impresa |  LIBROS

El infierno imbécil

Martin Amis

Trad. J. M. álvarez Flórez. El Aleph. Barcelona, 2009. 315 páginas, 20 euros

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Darío VILLANUEVA | Publicado el 20/02/2009


Hay dos razones por las que la lectura de este libro no sería recomendable. La primera edición de The Moronic Inferno tiene ya más de 20 años, y consistía, además, en dos docenas de trabajos periodísticos publicados por Martin Amis (Oxford, 1949) entre 1977 y 1985. Se trata, por lo tanto, de una obra facticia, no unitaria. En el prólogo, su autor intenta convencernos de que removiendo los cajones de su mesa descubrió que ese proyecto nunca abordado existía ya en forma de un libro “no premeditado,y por entregas” al que pondrá un título que le presta Saul Bellow. Se cura así en salud de lo incorrecto que sería que un inglés como él, vinculado a USA desde la niñez, abofeteara a sus lectores yanquis, máxime teniendo en cuenta que en realidad semejante rubro resume mejor que cualquier otro la visión de Norteamérica que aquí se ofrece. En uno de sus capítulos, Gore Vidal, definido por Amis como “el antipatriota”, secunda a Bellow con la afirmación de que en su patria “la estupidez es profundamente reverenciada”.

Y sin embargo, no puedo dejar de aconsejar la lectura de unas páginas que me han regocijado e ilustrado para comprender un país tan desbordante que nos hace y nos hará siempre sus aprendices, no solo tal y como era en los años en que empecé a visitarlo sino también hoy mismo, cuando Obama ha sucedido a Bush. Pero en la medida en que USA todavía influye en el mundo entero, Amis pone el dedo en llagas que también pueden ser nuestras.

La mejor manera de retratar literariamente una sociedad ajena es regodeándose en el perspectivismo que le permite al escritor ver a distancia aquello que más le sorprende. Amis nos advierte que El infierno imbécil es el resultado de su “periodismo peripatético”, elaborado sobre el terreno, pero también de otros artículos en que el viaje fue solo mental. Varias de sus piezas son reseñas de relevantes escritores: Capote, Bellow, Mailer, Philip Roth, Updike, Joan Didion, Gay Talese, Burroughs. En general, esta dimensión crítica es bastante decepcionante. Lo bueno reside en otra parte: en el reportaje social sobre un país racista y violento (“Los crímenes de Atlanta”), despiadado e hipócrita (“Una consideración sensata sobre el sida”), mitómano y hortera (“Elvis”), ideo-lógicamente superficial (“Gloria Steinem y la utopía feminista”) o eternamente adolescente (“En Hefnerlandia”). Pero lo mejor está en su crónica de la campaña electoral de Reagan en 1979-80 y la vinculación expresa que establece entre su triunfo y la nueva derecha evangélica, a la que dedica un impresionante capítulo. George Bush viene de esa camada electoral nutrida por la “comunidad de los nacidos de nuevo”, con una diferencia: Ronnie sabía hablar y actuar fotogénicamente ante las cámaras. 1980 representaba para Amis la ascensión imparable de los líderes mediocres, que harían de Gerald Ford “un Bismarck, un Napoleón, un Alejandro”. La clave que se apunta, es que el electorado viene directamente a votar desde su poltrona televisiva. Ya lo había vaticinado el propio Vidal cuando cubría una convención republicana en 1968: a medida que se afiance la era de la televisión, los Reagan serán la norma, no la excepción.





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Martin Amis. Foto: Antonio Moreno