Edición impresa |
LIBROS
Las cosas no tienen mamá
Tina Suárez Rojas
Idea. 2008. 80 pp., 1195 e.
A. SÁENZ DE ZAITEGUI | Publicado el 20/03/2009
Digámoslo desde el principio y sigamos adelante: Tina Suárez Rojas (Las Palmas, 1971) es una de nuestras poetas preferidas. Lo cual significa que la reseña de Las cosas no tienen mamá será (además de subjetiva, y muy orgullosa de serlo) más exigente de lo que suelen ser otras. De los grandes sólo esperamos grandeza. Y de Suárez Rojas esperamos también un grado de ferocidad poco común entre los escritores españoles, en su mayoría criaturas domésticas de buen carácter y mejor conformar.
Revestirse de máscaras es investirse de autoridad, hablar por otras voces más rotas que la propia para que la amenaza suene apocalíptica: Todos los oráculos auguran mi triunfo,/ eres la presa que retumba entre mis sienes,/ arder es aliado de mis ímpetus/ y delenda est carthago, amor mío:/ nada podrá detenerme (La ogresa). Soñamos cinematográficamente, amamos poéticamente. Reproducimos en nuestra realidad los códigos de conducta prescritos por el Pulitzer, tal vez atraídos por la coherencia de unas estructuras de la imaginación diseñadas a escala humana: Y sin embargo ante mis ojos hoy te vuelves / sturm und drang de insólitas miserias, / camino de perdición, desolación de mi quimera. / No lamento el desperdicio de tanta voz a ti debida / sino la inocencia con que padecí / este síndrome de diógenes. Del poema Todo fue una putreficción, casus belli de la revuelta de la guerrera contra su propio ejército: Maldito sea yeats. / Maldita sea yo. / Malditas mis lecturas / y todos los poetas en los que creí (Amé como leí). El amor: junto con el Día del Libro, el invento más rentable y perverso de la industria editorial.
Lo de Suárez Rojas es omnipotencia: versos en forma de vulva (Te faruru o las delicias de tu alcoba), reconversiones de las bienaventuranzas (Malaventurados los que niegan prodigios / porque desconocen la vagina dentata de las revolucionarias). Las cosas puede que no tengan mamá. Pero la poesía española, desde luego, huérfana no está. Bienvenidos a nuestro Libro del Año 2008.