Joaquín MARCO | Publicado el 17/04/2009 | Ver el número en PDF
Luis Sepúlveda (Ovalle, 1949), autor de la mítica Un viejo que leía novelas de amor, título que aprovechará en el cuento "La reconstrucción de La Catedral", de La lámpara de Aladino, cultiva el relato intenso o la novela corta, como La sombra de lo que fuimos, de marco urbano y de intencionalidad política. La trama de esta novela resulta casi una excusa para adentrarse en la situación de quienes retornaron del exilio chileno sin que se hubieran restañado las viejas heridas de un pasado cuajado de violencia. La acción se desarrolla en un lluvioso Santiago. Se evocan, al inicio, los anarquistas españoles Ascaso, Soler y Durruti que atracaron la sucursal Matadero del Banco de Chile en julio de 1925. El anarquismo mitificado estará presente en el ámbito de esta novela o de otros relatos; aquí cuando tres exiliados ya sexagenarios e izquierdistas se reúnen esperando al especialista que nunca ha de llegar, víctima de un hecho fortuito: en una disputa doméstica, Concepción García lanza un gramófono por la ventana de un quinto piso con tan mala suerte que acabará con la vida de La Sombra, el especialista que esperaban. Sepúlveda cruza los destinos, los define trágicamente y se detiene en los avatares de cada revolucionario fracasado. De algún modo, Cena con poetas muertos, en el libro de cuentos, anticipará la esencia de la novela.
Luis Sepúlveda. Foto: Javi Martínez