- ( 17/07/2009 )
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Si no los ha leído, éste es el momento. El momento de disfrutar de esas apuestas seguras, clásicos y modernos, que nos esperan desde hace meses. De los relatos más negros, las mejores aventuras, los viajes que no saben de demoras. Se suman a la tripulación álvaro Pombo, que nos regala un relato sobre su clásico preferido, El extraño caso del Dr. Jeckill y Mr. Hyde, mientras Francisco González Ledesma discute el crimen perfecto y Montero Glez nos embarca en su viaje particular. ¡Feliz travesía!
Cuentos Completos
Truman Capote
Quinteto. 336 pp., 7,95 euros
El autor de A sangre fría o Desayuno en Tiffany's fue también un cuentista persistente, pero no torrencial, provocador y sentimental. En este volumen, que incluye un cuento inédito, podemos disfrutar del Capote más íntimo, a veces marginal pero siempre deslumbrante.
La mascarada de la muerte roja
Edgar Allan Poe
Alpha Mini, 2009. 50 pp., 5 euros
Nada como celebrar el bicentenario de Edgar Allan Poe (1809-1849) con la lectura de uno de sus cuentos más célebres, especialmente oportuno en estos tiempos de epidemias, crisis y gripes, en excelente versión de López Guix.
Estuche Benedetti
Mario Benedetti
Alianza, 2009. 3 vols., 26 euros
Los cuentos de Benedetti, una antología poética y La tregua son el mejor homenaje a uno de los creadores más populares del último medio siglo, el mismo que confesó: "mi pesadilla es siempre el optimismo / [...]no me lo digan cuando despierte"
Nuestra poesía en el tiempo
Antonio Colinas
Siruela. 405 pp., 23,94 euros
La poesía también es para el verano, sobre todo si el antólogo es Antonio Colinas, y en el prólogo nos enseña a disfrutar de la música callada de los mejores versos de nueve siglos, del Cantar de Mío Cid a Eugenio Montejo, pasando por Manrique, San Juan de la Cruz, Rubén Darío, Juan Ramón y Gil de Biedma.
After Henry James
Varios autores
451 Ed. 528 pp., 12 euros
La osadía a veces tiene premio: Andrés Barba, Margo Glantz, Vicente Molina Foix, Javier Montes, Soledad Puértolas, Colm Tóibín y Juan Villoro se han atrevido a terminar los relatos que Henry James dejó bosquejados. No lo duden, estas propuestas, cargadas de talento y humor, valen la pena.
Un día de cólera
Arturo Pérez-Reverte
Punto de Lectura. 405 pp., 7,95 euros
Como explica el propio Pérez-Reverte, "este relato no es ficción ni libro de Historia. Tampoco tiene un protagonista concreto". Pero es, en palabras de Santos Sanz Villanueva, "el libro más influyente de todos los publicados recientemente sobre el 2 de mayo". Historia y literatura, trepidantemente de la mano.
El ocaso de los dioses de la estepa
Ismail Kadaré
Alianza. 240 pp., 8 euros
El último premio Príncipe de Asturias ha puesto el foco en la obra de un narrador fascinante, el albanés Ismail Kadaré. Y nada como este Ocaso de los dioses, retrato de la persecución de los escritores ajenos al realismo socialista, para saber por qué.
Un médico rural
Franz Kafka
Impedimenta. 160 pp., 17,50 euros
Este volumen reúne 30 extraordinarios relatos de Kafka, desde el que le da título a "Informe para una Academia, o El deseo de ser piel roja", en una incursión desesperada por las miserias de la condición humana.
2666
Roberto Bolaño
Anagrama, 2008. 1128 pp., 20 euros
El éxito del montaje teatral que Àlex Rigola ha puesto en escena sobre esta descomunal novela póstuma, que son cinco en una, su complejidad y belleza, así como la incesante popularidad de Bolaño seis años después de su muerte, hacen imprescindible esta recomendación. ¿Se la van a perder?
El Don apacible
Mijail Sholójov
RBA. 448 pp., 24 euros
Si el año pasado no se atrevió con los cuatro tomos de El Don apacible (Debolsillo), ahora puede disfrutar del clásico de Sholojov -sólo es comparable a Guerra y paz según Gorki-, a través de su primera parte.
Orgullo y prejuicio
Jane Austen
Alianza. 264 pp., 9,90 euros
Si no lo ha leído todavía, no sabe cuan afortunado es: le esperan unas páginas casi bicentenarias tan trepidantes que secuestran al lector más actual. No falta nada, ni una sociedad hipócrita y desalmada, ni prejuicios de clase, ni amores tan ciertos como desdichados.
Saber Perder
David Trueba
Anagrama. 528 pp., 12 euros
Como explicó Ricardo Senabre, Saber perder es una novela "compleja y excelente, un magnífico regalo" que el lector avisado no debe perderse, aunque sólo sea para bucear en unos personajes derrotados por la vida y hundidos en la resignación.
Salambó
Gustave Flaubert
Alianza. 495 pp., 9,90 euros
Aviso para navegantes: los amantes de la novela histórica no pueden dejar de leer este clásico en que el padre de Madame Bovary narra los amores prohibidos de Salambó, hija de Amílcar de Cartago, con el gran enemigo de su pueblo.
Anatomía del miedo
José Antonio Marina
Anagrama. 264 pp., 9 euros
En verano parecen aflorar con más frecuencia que el resto del año emociones negativas como el miedo, la angustia, la violencia o el terror. A todas ellas dedicó Marina un ensayo que es un tratado sobre la valentía.
Un guión para Artkino
Fogwill
Periférica. 172 pp., 16 euros
Desopilante novela sobre un infeliz llamado Fogwill que escribe el guión de su vida en una imaginaria Argentina que forma parte de la URSS, bebe vodka, pero sigue amando y sufriendo con acento porteño.
Con aplicación a las anfetas: Jekyll sobre Hyde
Álvaro Pombo
Aquel yo de entonces no era más sabio ni más prudente que el de ahora. Sólo que aquél estaba más seguro que el de ahora de que nada valía tanto como una repentina transformación del yo que había en otro que no había, pero que podía, sin embargo, en su irrealidad, ser contemplado, ser, sobre todo, deseado. Y lo deseado era un yo más enérgico y puro, más concentrado, menos tembloroso, más acerado y consistente incluso que los acerados textos de filosofía tomista y sartreana que leíamos la juventud entonces. Al descubrimiento de que el yo que yo era estaba en dos, uno consistente y otro inconsistente me condujo a una droga milagrosa, que no era, como en el relato de referencia, un cristal disuelto en un líquido de variables colores, sino una simple estructura química, un sulfato, que me permitía separar lo doble en dos y dejar que funcionara lo uno, lo firme, a expensas de lo otro, lo infirme durante cuatro horas largas, casi cinco. Una vez al día, cada tarde, tomada la toma, mi cuerpo, el yo, quedaba en suspensión, asexuado, tenso como un resorte, contenido y locuaz al mismo tiempo. Algunos poemas de ese tiempo aún brillan como agujas en el henar de la mirada de mis libros. Y mientras duraba, me sentía más joven, más ligero, más feliz, consciente de una facundia transformante, que iba del fondo al fondo de mí mismo, tras convertirse en textos rutilantes. Una desconocida aunque no inocente liberación de mi alma.
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