El Cultural
El Mundo
  Búsqueda avanzada
Comparte: Imprimir Imprimir
Enviar a un amigo Enviar a un amigo
Compartir en Facebook Facebook
Compartir en Twitter Twitter

revista de libros


Edición impresa |  LIBROS

Fin

David Monteagudo

Acantilado. Barcelona, 2009.350 pp. 19 e.

  • Resultados:

Care SANTOS | Publicado el 13/11/2009



En la solapa de esta primera novela se afirma que su autor descubrió su vocación literaria a los 40 años. Es un dato curioso en una nota biográfica de una brevedad ejemplar. Cabe imaginar, pues, que se destaca este dato porque al novelista le parece relevante. Con él tal vez pretenda desmarcarse del tiempo de la prisa, de los talentos precoces a medio fraguar.

Podríamos decir que en esta novela hay dos, en realidad. Al principio, Monteagudo (Vigo, 1962) nos sirve una historia de personajes. Los miembros de una antigua pandilla de amigos, que llevan 25 años sin verse, deciden reencontrarse en un lugar apartado donde una vez jugaron a hacerse promesas en futuro. El primer capítulo arranca con esta invitación: una llamada telefónica y un par de personajes desquiciados levantan en el lector unas expectativas altísimas, que le obligan a continuar leyendo. Es hábil el autor para idear psicologías complejas y verosímiles y para recrear diálogos desnudos donde desarrollarlas. Luego, la trama se arma como un hábil rompecabezas: conocemos por referencias a algunos miembros del grupo y dos páginas después nos vemos las caras con ellos. Antes de media novela, el autor ha sembrado su trama de minas: una pareja insufrible, un triunfador solitario que se hace acompañar de una prostituta de lujo y un compañero ausente ycon motivo. El lector está entregado y la situación, a punto de estallar. Bien por el autor. Entonces el eje de gravedad de la historia sufre una desviación. La novela de personajes y situaciones se convierte en otra cosa y el autor nos sirve una historia muy diferente: apocalíptica, cercana a la ciencia-ficción. Su mirada desolada sobre el mundo está en la línea de las de Philip K. Dick, Bradbury o -sobre todo- Cormac MacCarthy. La lleva al extremo y nos deja sin aliento.

Volviendo a la madurez. Para crear personajes tan de carne y hueso y para armar y desarmar una trama de este modo, hace falta cierto aplomo, cierta madurez. De modo que el dato raro de la solapa resulta que debía estar ahí, porque era importante.






Blogs, concursos y debates.


participa
participa
La papelera por Juan Palomo
De dominio público
participa
Ondas de Choque por José Luis de Vicente
Eduardo Kac, el arte de la quimera
participa
To be continued... por Carlos Reviriego
Black Mirror, el fin de la intimidad
participa
El Incomodador por Juan Sardá
Descendientes, Thatcher y la chispa
participa
La columna de aire por Abel Hernández
Tanned Tin: Oído, olfato, vista, gusto y tacto
participa
participa
participa
Esceptrum por Antonio Fernández Ruiz
Adiós a la pasión. Gracias, Steve.