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revista de libros


Edición impresa |  LIBROS

Flores en la cuneta

Alejandro Céspedes

Premio Jaén de Poesía. Epílogo de Julio Mas. Hiperión. Madrid, 2009. 80 páginas. 9 euros

  • Resultados:

Francisco DÍAZ DE CASTRO | Publicado el 08/01/2010

Con Flores en la cuneta Alejandro Céspedes (Gijón, 1958) abre un tiempo nuevo en su escritura sin que ello suponga una ruptura en los valores esenciales de su mundo poético ni un desvío de su trayectoria. La intensidad analítica del sentimiento, el carácter narrativo básico de su discurso, la creciente desolación existencial, la riqueza de imágenes y el cuidado de la precisión expresiva son algunas de las constantes que siguen fluyendo en los nuevos poemas de este libro.

La novedad la presenta la consolidación de diversos aspectos que ya comenzaban a aflorar en libros anteriores: el cuestionamiento de la primera persona poética ya en Hay un ciego bailando en el andén (1998), que daba como primer resultado la deixis femenina de Los círculos concéntricos (2008); el protagonismo del poema en prosa y el carácter narrativo unitario de este último libro, e incluso la presencia del accidente de automóvil ya antes, en James Dean, amor que me prohíbes (1986): “La esperanza destroza en la cuneta/ sus gastados neumáticos/ y negras rodaduras/ señalan el asfalto con la sangre/ de un sueño atropellado”.

Destaca, ante todo, la unidad de sentido de Flores en la cuneta, XXV premio Jaén de Poesía, hasta el punto de poderse leer como un solo poema polifónico en secuencias narrativas aglutinadas por el sentimiento de desolación que avanzan las palabras iniciales: “[...] hay tres cosas en la carretera que cada vez que las encuentro en mi camino siguen produciéndome una inmensa desolación: cadáveres de animales, zapatos desperdigados y ramos de flores”. El contraste brutal entre los luminosos títulos de los poemas -todos ellos extraídos de los anuncios televisivos de automóviles, con su insidiosa sugestión de distinción y poder: “Move your mind”, “Inventa tu ruta” o “Te cambiará la vida”- y las sucesivas variaciones de voz y anécdota en torno a distintos accidentes crean una dialéctica sarcástica que provoca en el lector la desolada reflexión existencial a partir de la alegoría del accidente como destino mortal hacia el que el homo viator se dirige inexorablemente.

Un enjundioso y certero “epílogo” de Julio Mas Alcaraz cierra este libro excelente, tan sugestivo como intenso y viene a constituir una aportación muy interesante a la posible nueva objetividad poética que vemos aflorar en entregas recientes de poetas muy diversos. Como en una actual danza de la muerte, estas composiciones de protagonista colectivo se revisten con las apariencias y las palabras de lo cotidiano y se canalizan, preferentemente, en poemas en prosa, una prosa, sin embargo, que no disimula su base métrica constante, interrumpida sólo a veces, con sentido, por rupturas de ritmo que reclaman la atención: “lo esencial sólo ocurre cuando no puede verse. Se oculta entre el caudal de los instantes que llenan tu existencia. No sabes nada de ellos. Ni cómo han llegado a ti ni a dónde apuntan. Y hay alguno que siempre va cargado [...] Lo esencial cuando llega no hace ruido”.





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Alejandro Céspedes. Foto: Fernando Caparrós