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Ontogenia y filogenia. La ley fundamental biogenética

Stephen Jay Gould

Trad. Joandomènec Ros. Critica. Barcelona, 2010. 479 páginas, 24'90 euros.

FRANCISCO GARCÍA OLMEDO | 02/04/2010 |  Edición impresa


Stephen Jay Gould. Foto: Pat Greehouse

Stephen Jay Gould falleció a los 60 años, en 2002, dos meses después de que se publicara La Estructura de la Teoría de la Evolución, su gran obra, a la que dedicó muchos años y con la que quiso coronar su larga lista de publicaciones: veinte libros, la mayoría multiventas consistentes en compilaciones de los célebres ensayos mensuales que publicó en la revista Natural History durante 25 años, y un millar de artículos científicos. El libro que aquí nos ocupa fue precisamente su primer libro técnico. Se publicó en 1977 (Belknap) y, según palabras del autor, lo empezó “como un prueba práctica para aprender el estilo de las exposiciones largas antes de embarcarme en mi magnum opus sobre macroevolución”. El resultado fue uno de sus libros de mayor impacto.

El neodarwinismo gouldiano revisa los tres pilares fundamentales de la teoría de Darwin: el organismo como protagonista de la evolución, la selección natural como principal fuerza creativa y el entorno como motor del cambio. Propuso una forma de evolución en la que las especies, y no los individuos, protagonizan el proceso y compiten por la supervivencia, y, junto a Niles Eldredge, definió el concepto de equilibrio puntuado para expresar un tipo de evolución que supone largos periodos de situación estática seguidos de rápidas transiciones. En lo que se refiere a la selección natural, Gould defendió que, en lugar de que todas las características de un organismo sean adaptaciones, los determinantes internos de los organismos -los genes que controlan el desarrollo de éstos- también desempeñan un papel muy importante en el curso de la evolución. En contraste con el gradualismo darwiniano, Gould reivindicó el papel de la historia, el de los cataclismos que cambian el curso de ésta. El origen de muchos de estos conceptos puede encontrarse en Ontogenia y Filogenia.

La idea, hoy desacreditada, de la recapitulación, según la cual la secuencia de estados embrionarios (ontogenia) reconstruye las transiciones evolutivas de las formas adultas de los antecesores del organismo actual (filogenia), ha tenido, e incluso sigue teniendo, gran influencia en campos ajenos a la Biología, de la Psicología a la Teología. Esta idea hunde sus raíces en la Grecia antigua y su formulación más conocida, “la ontogenia reproduce la filogenia”, fue propuesta por Ernst Haeckel, avanzado ya el siglo XIX. La teoría de la recapitulación fue rechazada con el resurgir del mendelismo a principios del siglo XX y, como consecuencia, el estudio de las relaciones entre embriología y evolución fue prácticamente abandonado hasta que lo retomó Gould bajo un nuevo ángulo.

En el libro se abordan, entre otras, nuevas ideas sobre la recapitulación, la neotenia, fenómeno biológico por el cual algunos seres vivos conservan caracteres larvarios o juveniles después de haber alcanzado el estado adulto, la paedogénesis, que es el acto de la reproducción de un organismo que no ha alcanzado la madurez física y la progénesis, término con que se alude a que la madurez sexual se alcanza en la forma juvenil, antes de la madurez física. La idea central es la de que la selección natural da lugar cambios heterocrónicos en el desarrollo embrionario, acelerando o retardando las distintas fases. Gould seguidamente analiza el significado evolutivo y ecológico de este comportamiento heterocrónico y la trascendencia del efecto de la selección natural sobre el proceso mismo del desarrollo de un organismo. En el último capítulo discute el papel de la neotenia en el origen de la especie humana, siendo en su opinión el retardo un elemento crucial en dicho origen.

Si la relación entre ontogenia y filogenia, en la formulación de Haeckel, fue reconsiderada con el advenimiento de la genética mendeliana, cabe plantearse qué ocurrirá con las ideas de Gould al respecto, ante los espectaculares avances actuales de la genómica y de los estudios evolutivos del desarrollo, una disciplina autónoma y consolidada que ha adquirido gran pujanza al final del siglo XX bajo la etiqueta de Evo-Devo.





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