TÚA BLESA | Publicado el 23/04/2010 | Ver el número en PDF
En sus Confesiones, escribió Agustín de Hipona: ¿Qué es, pues, el tiempo? Si nadie me lo pregunta, lo sé; pero si quiero explicárselo al que me lo pregunta, no lo sé. Este libro, Tiempo, parece partir de una perplejidad semejante, y además sabe que hacer un poema / sobre el tiempo / es tautológico, / porque él / es, en sí mismo, / duración verbal. Como figuración de ese tiempo se propone aquí, en un típico recurso a lo espacial, el desierto, un desierto concreto, el White Sands de Nuevo México, por tanto, la extensión y la blancura. Lo visible, pese a que el tiempo ni lo vemos ni lo tocamos. La escritura, entonces, ha de discurrir por la página-tiempo, recorrer la página-blancura. Y ¿cómo son sus trazos? La marca retórica de Tiempo es la desmembración de la secuencia, el fragmentarismo y ello lo enlaza nada menos que con Nietzsche o Blanchot, algunos de los escritores decisivos de lo fragmentario, un modo del pensar y del escribir moderno. En efecto, Vicente Luis Mora (Córdoba, 1970) ha dado muestras suficientes en sus trabajos (ahí están Singularidades, La luz nueva y sus críticas) de que sus escritos tratan de producir un discurso nuevo.
Vicente Luis Mora. Foto: Santi Cogolludo