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Miércoles, 23 de abril de 2014
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Comienzo de Nueva historia de las grandes crisis económicas (1873-2008)

por Carlos Marichal

Debate

Entre el quince de septiembre y finales de octubre de 2008, las bolsas y los sistemas bancarios e hipotecarios de los Estados Unidos sufrieron el efecto de un verdadero tsunami financiero al que siguió una cadena de pánicos bancarios y bursátiles que se extendió a escala mundial y que ha sido considerada como la peor crisis financiera en ochenta años. No hay día que pase sin que se formulen nuevas preguntas en todo el mundo: ¿son suficientes y adecuadas las medidas de rescate adoptadas por gobiernos y bancos centrales en todo el planeta?, ¿cuáles fueron las causas del enorme descalabro financiero?, ¿por qué los bancos centrales no previeron los peligros y por qué no tomaron medidas para desinflar las inmensas burbujas financieras? Carlos Marichal nos ofrece un resumen de la historia de las mayores crisis financieras tanto del pasado como de nuestra época con el objeto de entender mejor la crisis económica en que nos hallamos inmersos. Gracias a la perfecta combinación de rigor en la investigación y talento expositivo, conocemos los antecedentes históricos y las justificaciones de las medidas tomadas por gobiernos y bancos centrales para superar la crisis, acercándonos las respuestas a una cuestión vital para nuestro bienestar presente y futuro.


 | 25/06/2010 |  Edición impresa


Wall Street, símbolo y epicentro del capitalismo.

Capítulo 1
La primera globalización: las crisis financieras en la época clásica del capitalismo liberal, 1873-1914

A principios del siglo XXI, es frecuente que se atribuyan tanto los logros como los fracasos de la economía contemporánea a la globalización financiera. Pero conviene recordar que este fenómeno no es enteramente nuevo. Los historiadores han llegado a un consenso de que los años de 1870 a 1914 deben describirse como una primera época de globalización económica. Nunca antes habían sido tan amplios e intensos los flujos internacionales de comercio y capitales, y fueron acompañados además por intensas migraciones internacionales, en especial de Europa hacia las Américas. Inclusive puede argumentarse que éste fue el periodo cuando el capitalismo se impuso a nivel mundial como sistema económico dominante: los ciclos de las economías industriales comenzaron a ejercer una influencia decisiva sobre gran parte de la actividad económica del mundo.

El triunfo del capitalismo industrial a fines del siglo XIX estuvo directamente relacionado con otro fenómeno que nos resulta familiar: una revolución financiera a gran escala que ya estaba en marcha en la mayor parte del mundo desde hacía algún tiempo. La expansión bancaria y financiera en Europa y Norteamérica fue en particular rápida desde 1850 en adelante: la multiplicación de bancos fue acompañada por la creación de bolsas de capitales formales y la consolidación de mercados de crédito y de seguros. 14 Además, a partir del decenio de 1860, se extendió a otras regiones: en el caso de América Latina, por ejemplo, los años de 1860 a 1873 marcaron el nacimiento de los bancos como sociedades anónimas en varios de los principales puertos y capitales de la región.También se dio un proceso similar en varias ciudades de Medio Oriente, Sudáfrica, Australia, la India, Japón y los puertos libres de China. Los antiguos mercados de crédito en esos países estaban basados fundamentalmente en redes de casas financieras privadas, que comenzaron a modernizarse e institucionalizarse en la forma de bancos.Al mismo tiempo, esta fue una época de fuerte impulso a los flujos internacionales de capitales europeos (con préstamos soberanos e inversiones directas), que fueron creando un tejido cada vez más complejo y extenso de las finanzas internacionales.

Todo esto, sin embargo, no estaba basado en un equilibrio perfecto sino en una dinámica que podía desestabilizarse a partir de las debilidades internas de los mercados más importantes o por los efectos de un “shock” externo. Por ejemplo, las grandes especulaciones bursátiles de los años de 1867 a 1872 generaron condiciones propicias para una eventual explosión. El resultado fue el colapso internacional de 1873, que tuvo un impacto muy profundo en numerosas naciones en América, Europa y Medio Oriente. Menos graves pero también destructivos fueron lossucesivos pánicos bancarios y financieros de 1882, 1890, 1893, 1907 y 1914.

Las explicaciones más generales de aquellas crisis financieras de fines del siglo XIX y principios del siglo XX enfatizan la secuencia de auge y caída (boom and bust) como característica del capitalismo liberal. A su vez, numerosos investigadores descubren interacciones esenciales entre el desempeño de las bolsas y los nuevos sistemas bancarios. Cuando la desconfianza se apoderaba de los bancos y diversas firmas financieras, la venta de activos podía provocar pánicos bursátiles. De la liquidez se pasaba a la insolvencia.16 Las consecuencias para todo el sistema crediticio y para la economía en su conjunto solían ser muy graves.

Cabe preguntar, entonces, ¿en qué medida existían mecanismos que permitían responder a las crisis para atenuarlas? La respuesta de la mayoría de los historiadores es ambigua porque aún no había una idea tan clara de la necesidad de un prestamista de última instancia, como ocurre en la actualidad. En la época clásica del patrón oro, el régimen monetario vigente tenía una serie de efectos contradictorios. Por una parte, daba confianza a los clientes de los bancos y a los inversores internacionales de que podían recuperar sus ahorros en metálico en cualquier circunstancia. En cambio, la convertibilidad a oro de los billetes bancarios imponía restricciones fuertes ya que -cuando estallaban las crisis- el oro emigraba del país y los bancos se veían obligados a restringir la emisión monetaria. Las autoridades financieras de fines del siglo XIX estaban limitadas para respaldar los sistemas crediticios en momentos de dificultad. Frecuentemente, los ministros de finanzas podían llegar a ofrecer algún apoyo puntual a determinados bancos e intentaban cierta coordinación de acciones, pero el liberalismo clásico no autorizaba una intervención gubernamental masiva. Las crisis, por consiguiente, eran frecuentes, aunque también diferentes en sus características.

LA PRIMERA CRISIS FINANCIERA MUNDIAL: 1873
Desde principios del siglo XIX se produjeron diversos pánicos bancarios y bursátiles en Europa y Norteamérica, algunos de los cuales impactaron en varios mercados a la vez. La temprana crisis financiera que se desató en Londres a fines de 1825 fue calificada por el propio Karl Marx como la primera crisis del capitalismo. Después sobrevinieron los colapsos de 1837, de 1846 a 1847, 1857 y 1866, en una secuencia que dio pie a la constatación de que las crisis eran periódicas.17 La quiebra de bancos y de destacadas casas mercantiles en centros financieros de gran importancia como Londres, París, Nueva York o Hamburgo tuvieron el efecto de restringir el crédito que aceitaba el comercio internacional. Pero su impacto variaba de país en país. En octubre de 1857, la crisis comenzó en Londres y se transmitió con rapidez a Hamburgo en noviembre; un par de meses más tarde ya afectaba a los corresponsales de las casas comerciales inglesas y germanas en distintos puertos de Sudamérica. En 1866, la quiebra de la poderosa casa financiera de Overend-Guerney en Londres afectó a los mercados financieros en Europa central y en Italia, pero las consecuencias fueron especialmente duras en España, donde colapsaron la mayor parte de los bancos en Barcelona, Cádiz y Santander, entre otras ciudades.

De acuerdo con los magistrales estudios de Charles Kindleberger, estos pánicos tempranos reflejaban ciertas tendencias que serían características de todas las crisis bancarias y bursátiles posteriores. La anatomía de la crisis podía describirse en función de una trayectoria común: se partía de una fase de expansión de crédito que iba acompañada por una fuerte especulación en la bolsa o en bienes físicos, hasta llegar a un pico de extraordinaria agitación, seguido por un súbito hundimiento de la confianza de los inversores, lo que provocaba una caída en los precios de los valores. Luego se desencadenaban los pánicos bursátiles y las corridas bancarias que, en su conjunto, generaban un colapso económico. Kindleberger utilizó los modelos de análisis desarrollados por Hyman Minsky, un teórico monetario cuyas ideas hoy son citadas con frecuencia porque enfatizaba la fragilidad innata del sistema financiero.19 Este marco analítico es penetrante, pero también es cierto que su utilidad depende de que se lo confronte con casos históricos concretos.





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