Santos SANZ VILLANUEVA | Publicado el 19/11/2010 | Ver el número en PDF
Viene bien recordar, a cuento de Riña de gatos, la conocida idea de Ramón María del Valle-Inclán según la cual un escritor puede adoptar tres posturas acerca del mundo: de rodillas, en pie o levantado en el aire. La tercera lo coloca por encima y como distante de su materia e implica un punto de ironía. Desde esta última óptica describe el narrador omnisciente de la nueva novela de Eduardo Mendoza (Barcelona, 1943), a quien podríamos incluso identificar con el propio autor, la vida madrileña en marzo de 1936.