Rafael NARBONA | Publicado el 01/07/2011 | Ver el número en PDF
La Italia de Silvio Berlusconi se parece a la España de Isabel II: chismes, corrupción, escándalos, excesos. Valle-Inclán se inspiró en ese escenario para escribir piezas satíricas que ya disfrutan del reconocimiento de los clásicos. Niccolò Ammaniti (Roma, 1963) ha construido una novela que no se olvidará con facilidad, rescatando el genio de Federico Fellini para mezclar el disparate, la denuncia social y la crónica de las flaquezas humanas. Lejos de la prosa florida de Valle-Inclán o Gabrielle D'Annunzio, ha escogido un estilo periodístico, ágil y eficaz, que se ajusta desde las primeras páginas al propósito de crear un ritmo trepidante, de comedia enloquecida, donde nada es lo que parece, porque todo es posible y cualquier situación puede de-sembocar en el equívoco o la catástrofe. Como Dios manda, la anterior novela del polémico narrador italiano, discurría por los cauces de un neorrealismo actualizado, relatando las penalidades de un grupo de inadaptados que fantaseaban con robar un banco para librarse de la exclusión y la pobreza. Esta vez el protagonismo se reparte entre una secta satánica (las Bestias de Abadón), un escritor de éxito y un constructor sin escrúpulos.
Niccolò Ammaniti