Pedro TEDDE DE LORCA | Publicado el 02/09/2011 | Ver el número en PDF
La figura del financiero mallorquín Juan March Ordinas (Santa Margarita, 1880-Madrid, 1962) ya había sido objeto de varios libros desde que, en los años treinta, Manuel Domínguez Benavides publicó El último pirata del Mediterráneo, apelativo que acuñara el ministro de Alfonso XIII, Francisco Cambó. Ahora Mercedes Cabrera, con este libro, culmina un proyecto extraordinariamente ambicioso, el de intentar abarcar en menos de quinientas páginas, no sólo la biografía personal, sino también empresarial y política, de aquel joven dedicado al negocio familiar del comercio de cerdos en su pueblo de Santa Margarita, y que, no mucho después, logró acumular una ingente fortuna: centenares de millones de pesetas -con el valor de esta moneda a fines del siglo XX- hacia 1910; quizá miles de millones hacia 1936. Iban sus empresas desde la electricidad al petróleo, la navegación, y la banca, esta última, por cierto, aún hoy bajo su apellido, con una envidiable salud financiera. Antes, en el primer cuarto del siglo, lo que fue el nudo de su riqueza, el monopolio de tabacos en el Marruecos español y francés, y aun antes y al tiempo de ello, la creación de una ciudad misteriosa e invisible, extendida desde el cabo Creus a Gibraltar, y habitada por un entramado de gentes dedicadas al contrabando. Así calificó Jaume Carner, ministro de Hacienda de la Segunda República, a quien su propia posición gubernamental no impidió reconocer como hombre formidable.
Juan march. Foto: Archivo