ÁNGEL BASANTA | Publicado el 09/12/2011 | Ver el número en PDF
Entre otros experimentos narrativos alentados por el afán de renovación de los géneros literarios tradicionales en favor del mestizaje mediante la hibridación de sus componentes formales uno de los que mejores frutos ha dado está en la creación de novelas compuestas por medio de cuentos engarzados en una trama novelesca. Aunque los ejemplos vienen de lejos, sus manifestaciones abundan hoy, como se aprecia en Flores de plomo (1999) de J. E. Zúñiga, o en La ruina del cielo (1999), de L. M. Díez, por citar solo novelas españolas de las ultimas décadas. También ocurre que los relatos agrupados en un libro no lleguen a formar una estructura novelística, adoptando la composición de cuentos con marco, de la cual hay ejemplos desde el nacimiento del arte de Sherezade. En esta cervantina mesa de trucos se sitúa El libro de las horas contadas, concebido como sucesión de cuentos enmarcados por elementos comunes que aproximan el conjunto a una trama novelesca.
José María Merino. Foto: A. Pino