Santos SANZ VILLANUEVA | Publicado el 16/12/2011 | Ver el número en PDF
El Brañaganda que ocupa el título de esta novela de David Monteagudo (Viveiro, Lugo, 1962) es un topónimo, un lugar imaginario de concreto aunque impreciso emplazamiento. Se encuentra en Galicia, en la garganta de un verde valle, cercano al mar, que algunos días se percibe desde sus montañas. El argumento se sitúa en la postguerra civil, todavía en plena vigencia de sus consecuencias peores. Si la época que enmarca la acción coincide con la persistente moda actual de recuperar la memoria histórica, poco tienen que ver los intereses de Monteagudo con la reivindicación del recuerdo de las atrocidades franquistas. Está presente, sí, aquella sociedad oprimida por el fanatismo mediante oportunos apuntes de la violencia irracional falangista, del autoritarismo de la Guardia civil o de la atmósfera de temor en que discurría la vida cotidiana. Pero estas notas ambientales -muy vigorosas, por cierto-, casi imprescindibles para recrear un tiempo marcado por la contienda, apenas determinan el asunto del libro.