JOSÉ JAVIER ETAYO | Publicado el 16/03/2012 | Ver el número en PDF
Estamos en pleno siglo XVII, el tiempo en el que se sientan las bases de la ciencia moderna, en el que se pasa, en muchas de sus ramas, de una ciencia de salón, especulativa y sin otro apoyo que el principio de autoridad, a la obligatoria comprobación experimental de las afirmaciones propuestas. En química hay que ir alejándose de la alquimia y preparar el camino hacia una química científica cuyo principal impulsor fue seguramente sir Francis Bacon (1561-1626). Muy de cerca en el tiempo les sigue nuestro autor, Robert Boyle (1627-1691), que se propone elevar el quehacer químico a la categoría de filosofía natural, hasta reconocérsele como padre de la química moderna. Casi ni se molesta en desmontar las prácticas y hábitos de los que llama químicos vulgares, exhibicionistas, charlatanes y trapaceros, sino en rebatir las ideas circulantes sobre la composición de los cuerpos mixtos, formados por ciertos cuerpos simples e indescomponibles.