PILAR CASTRO | Publicado el 04/05/2012 | Ver el número en PDF
Contribuyendo a la perplejidad, como dicen los versos de Caballero Bonald con los que Isabel González da la bienvenida a este volumen titulado Casi tan salvaje. Sugiere así la dirección de su escritura: poética, fragmentada, gestual. Lo forman una veintena de relatos que cuentan, sin llegar a contar, momentos, situaciones, vidas..., de manera que el conjunto resalta por el tono incisivo y grave, por su minimalismo y su plástica expresividad; por esquivar la lógica narrativa y por sugerir escenarios humanos donde impera el desamparo, sin edulcorante alguno. Es este su primer libro, aunque ya han aparecido relatos suyos en destacadas antologías, y siendo irregulares y desconcertantes, contiene un puñado de buenas razones para tenerlo en cuenta. La primera es que es escritura con ambición literaria. Detrás están otros motivos, como que ese mundo emocional descarnado parece tejido con puntadas visuales que sugieren escenas casi salvajes, con las que contribuye a la perplejidad de quien se acerque a ellas.