Cuenta la leyenda que en 1954 un comerciante llamado Cipriano Olivert (Cullera, 1929) intentó vender en un rincón de su local, en la capital del Turia, los libros que le sobraban pero como siempre regresaba a casa con más ejemplares de los que se llevaba, transformó el negocio en librería de lance. Nacía así París-Valencia, que a finales de los 70 se convirtió también en editorial recuperando obras antiguas relacionadas con Valencia y facsímiles de libros raros y curiosos. Y no le fue mal. Hoy la librería, que sigue siendo editorial, cuenta con cinco establecimientos, 1.200 metros cuadrados, varios almacenes y un stock de 150.000 volúmenes, para un total de medio millón de ejemplares a la venta. Está dirigida por los cuatro hijos de Cipriano, que crecieron rodeados de libros, se iniciaron en el negocio muy jóvenes y cuentan con la ayuda de forma menos activa pero decisiva de nuestro padre.
En estos casi sesenta años de aventura, el lector no ha cambiado demasiado, aunque ahora la gente busca ediciones más baratas y compra más libros relacionados con la economía. Saben -reconoce Carlos Olivert- que el futuro es indeterminado, aunque seguro difícil, que los cambios en el sector son imparables, pero cuentan con magníficos y fieles clientes, muchos años de experiencia, y mucho trabajo, lo que les hace no temer al libro digital, aunque desembocará en la desaparición de parte del sector de la distribución y de librerías.