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Viernes, 22 de agosto de 2014
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Biografía de un libro futuro

Dice un viejo proverbio hindú que un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado, un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora. Antes, mientras se escribe, se publica y se lee, apenas un montón de sueños, frustraciones y complicidades. El Cultural recorre hoy esa historia secreta de la mano de un autor que lleva siete años sin publicar, el añorado Eloy Tizón; de su futuro editor, de quien fue su agente, de su distribuidor o su librero...


NURIA AZANCOT | 19/04/2013 |  Edición impresa


En el Día del Libro es imposible negar la evidencia: en 2012 se publicaron 60.219 nuevos libros, un 14 por ciento menos que en 2011, aunque aumentaron en un 22 por ciento los libros digitales, y desapareció un dos por ciento de los lectores habituales, según el Gremio de Editores. Por eso resulta emocionante seguir la biografía de un libro aún sin nacer.

Hace siete años Eloy Tizón (Madrid, 1964) publicó su último libro de relatos, Parpadeos (Anagrama). Antes, en 2003, los críticos de El Cultural le habían seleccionado como uno de los 10 mejores escritores menores de 40 años y El País destacó Velocidad de los jardines (Anagrama, 1992) como uno de los 100 mejores libros de los últimos 25 años. No fueron sus únicos premios, pero tras 2006 vino el silencio, aunque Tizón, “el más original, personal y sorprendente de los narradores hispanos”, según Rafael Conte, jamás dejó de trabajar. Nadie como él para descubrirnos la historia de su futuro libro, Técnicas de iluminación.

Desinteresado y preciso

Técnicas de iluminación es un libro de relatos cuya fuente de inspiración fueron los vagabundeos de Robert Walser, “su manera de mirar, desinteresada y precisa”, explica Tizón, a quien también le resultó esencial “la necesidad de salvaguardar determinados instantes, para que no perezcan del todo. Situaciones que me hacen feliz o desgraciado o me punzan. Siempre procuro que no haya un tono uniforme, sino una mezcla: humor, poesía, drama... Cuando considero que todos los ingredientes están equilibrados, el libro se cierra solo. Pero antes hay que alcanzar ese estado”.

El proceso ha sido largo, “en parte por mi lentitud mental, y en parte por las circunstancias”, insiste. No quiere entrar en detalles, pero estos siete años ha llegado incluso a pensar “que no volvería a publicar más”. El desaliento no le hizo abandonar su disciplina, e intentó salvaguardar espacios (“normalmente por la mañana, a primera hora, con la mente fresca y un café”) en los que se sentaba frente al ordenador, “a ver qué pasaba”, a pesar de saber mejor que nadie que “la escritura y la vida cotidiana son difícilmente compatibles. Aun así , lo intento. No siempre escribo, pero mantengo la continuidad: releo, corrijo, suprimo, dudo. A base de esas tozudeces obsesivas, terminan saliendo los libros.”

Pero, ¿qué pasó cuando el libro estuvo acabado? ¿Se lo envió al editor de siempre o no ? ¿A su agente quizás? Antes Tizón tenía una agente de prestigio, Antonia Kerrigan, que se llevaba un 10 por ciento de cada contrato, pero hace años decidió prescindir de su trabajo para ocuparse personalmente porque “a la larga da mejores resultados. En mi caso, tener una agente no sirvió de nada. Fue como tener un trombón de varas. Está ahí, lo miras, es algo complicado que brilla encima de un mueble, no se puede añadir mucho más”. Por su parte, Kerrigan, la misma que apostó por Javier Sierra, Ruiz Zafón y María Dueñas, reconoce que su relación terminó porque “Tizón no estaba satisfecho con mi trabajo”.

Kerrigan, que comenzó a trabajar a comienzos de los 80 en la agencia Ballcells y que fundó su propia agencia a finales de esa década, en la actualidad representa a 150 autores. Hubo un tiempo en que contar con un agente era esencial. Por ejemplo, hace sólo 10 años, en 2003, de todos los premios literarios concedidos en España, sólo un 20 por ciento fueron conquistados por autores sin agente. Muchas agencias se han convertido hoy incluso en lectoras de editoriales o corrigen los textos de sus representados algo que Kerrigan niega rotundamente: “No sé que hacen otras agencias. En la mía ni se corrigen textos ni se negocian premios. La única novedad es que proporcionamos servicios digitales a los autores”. Con treinta años de experiencia, asegura que “las relaciones con autores y editores han cambiado poco”, pero que los anticipos millonarios de antaño son eso, cosa del pasado.

“Ni un anticipo decente”

Tizón, más contundente, jura que, desde que empezó a escribir “nunca he recibido un anticipo decente. He oído hablar de ello, sí, pero solo en forma de rumor, como el holograma de un ser mítico, pongamos que el basilisco o el caballo Pegaso”. De todas formas, jamás se ha engañado: sabe que escribir “ya es estar abocado a una crisis permanente, a la que uno acaba (casi) por acostumbrarse. En general, procuro atenerme a la doctrina del Joker en El caballero oscuro: ‘Si algo se te da bien, nunca lo hagas gratis.”

Y llegamos al editor, tercer palo del sombrajo editorial. El de Tizón, el de siempre, ha sido Herralde, pero en esta ocasión el escritor madrileño ha preferido a Juan Casamayor, de Páginas de Espuma, porque las circunstancias han cambiado. “Y nada hace tan feliz a un escritor como encontrar la editorial que mejor defienda su libro. Está en su derecho, creo”, confirma Tizón.

Aún no es oficial el acuerdo, pero de hecho ya han visto una posible portada y Casamayor está orgulloso y feliz. “Llevamos quince años editando cuentos y para nosotros publicar a Tizón era un viejo sueño que está a punto de hacerse realidad. No sólo es uno de los mejores autores nacidos en los años 60, sino uno de los mejores del género. Conoce nuestro catálogo, cómo mimamos y promocionamos cada libro, muchos de sus amigos, como Andrés Neuman o Zapata, publican con nosotros, y sabe que, aunque viene de una de las mejores editoriales de España, Páginas es la casa del cuento”. No adelanta el anticipo que el autor va a cobrar, pero sí que la tirada alcanzará al menos los 3.000 ejemplares y que se distribuirá en Hispanoamérica, sobre todo en México, Colombia, Chile y Perú, “ahora que aquí -admite Casamayor- cuesta tanto vender. Y Tizón es una referencia en todo el mundo literario hispano, sobre todo entre los jóvenes”. De Técnicas de iluminación adelanta que está en la línea de Velocidad de los jardines, y “que es portentoso, sobrecogedor, una mezcla poética apasionante entre la escritura y el escritor, entre la lectura y el lector, entre la vida y el hombre que Eloy atesora”: por eso va a ser su apuesta más potente para otoño, en octubre, “cuando salen los grandes. Tizón compite en esa liga mayor”.

Entonces contará con la cobertura de una de las distribuidoras más importantes del país, la que dirige José Miguel García Sánchez, que maneja, según diversas fuentes, el 55 por ciento de los beneficios de cada libro vendido, aunque destine a los puntos de venta entre un 20 y un 30 por ciento, y sólo se reserve el 20-25 por ciento restante.

Leyendas literarias

García Sánchez confirma el pesimismo del sector: “todos, tanto editores, como distribuidores y libreros tenemos problemas, porque no se vende apenas”, pero cree que cuando presente el nuevo libro de Tizón no tendrá problemas, “porque es un autor de calidada y publicará en una editorial de prestigio, como Páginas de Espuma. Los libreros y los lectores le conocen y esperan su nuevo libro desde hace tiempo, así que va a ser muy fácil hacer un buen trabajo”. García Sánchez aprovecha la ocasión para negar una de las mayores leyendas literarias: que los distribuidores presionan a los libreros con enviar menos posibles bestsellers si libros más difíciles no tienen un lugar en los estantes: “Eso es una soberana estupidez. ¡Si todos queremos vender, cuanto más mejor, si el librero no se deja condicionar nunca, y lo sé porque también lo soy. En fin, volviendo a Eloy, seguro que será un éxito. Pregunte si no a los libreros...”

El Librero con más cuento

José Luis Pereira, uno de los fundadores de la librería “Tres rosas amarillas”, la única dedicada en Madrid al cuento, confiesa que llevan mucho tiempo, “demasiado”, dice Pereira, esperando un nuevo libro de Tizón, que fue además el padrino de su establecimiento, y una de las voces clave del relato actual. Sostiene Pereira que sufre cada fin de mes para cerrar las cuentas, que estos no son los mejores tiempos para el cuento, pero que apostaron por el relato y hoy, cinco años después de su creación, cuentan con un fondo de 12.000 referencias y necesitan más que nunca buenos títulos que atraigan a los lectores. “Hoy no hay dinero para nada que no parezca esencial, pero un buen libro de relatos debe serlo. Necesitamos el libro de Tizón para generar expectativas entre los lectores. ¿De verdad tendremos que esperar hasta octubre?”.

La crítica, es decir, el lector, está a la espera. Hay quien, como Sanz Villanueva, confía en el autor, aunque no le entusiasme el género y quien, como Ernesto Calabuig destaca que hablar de un libro que aún no ha aparecido es bordear lo imposible: “Espero que Técnicas de iluminación sea su obra más intensa: que ilumine (deslumbre) a sus fieles lectores”. Y a otros muchos más, ¿o no?




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