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Historia de la nación y del nacionalismo español

Antonio Morales Moya, Juan Pablo Fusi, Andrés de Blas Guerrero

Galaxia Gutenberg, 2013. 1.536 páginas. 39 euros

OCTAVIO RUIZ-MANJÓN | 01/11/2013 |  Edición impresa


Clases al aire libre en el Instituto-Escuela de la Institución Libre de Enseñanza que encarna, según los autores, el nacionalismo liberal español (Madrid, 1933).

La semana pasada se presentó al público un libro que está llamado a convertirse en una referencia inexcusable para quien trate de profundizar en el candente tema del nacionalismo español. No se trata, desde luego, de un libro que pueda ser leído de un tirón sino de una obra compleja, desde su misma organización. También por su voluntad de llegar a las facetas más variadas en su reflexión sobre los nacionalismos y, muy especialmente, por su afán de caracterizar la existencia, o no, de una nación española, que algunos han querido ver como un artificio creado a comienzos del siglo XIX, en apoyo de la revolución liberal.

El libro cuenta con seis grandes apartados en los que se estudia la génesis de la nación española y los diversos planteamientos del nacionalismo español en el siglo XIX, ambos coordinados por Antonio Morales Moya. El nacionalismo del siglo XX toma como fecha divisoria la de 1936. El periodo inicial lo coordina Andrés de Blas, mientras que Juan Pablo Fusi se ha hecho cargo de los estudios que van hasta 1978, el año de la constitución aun vigente. Hay, por último, un apartado dedicado a la visión que los nacionalismos periféricos tienen del nacionalismo español, y otro a la perspectiva desde los países de nuestro entorno.

El volumen es el resultado de un proyecto que se ha venido desarrollando en la Fundación Ortega-Marañón durante más de siete años bajo la inspiración, sobre todo, del profesor Morales Moya a quien se debe, en gran medida, la organización del libro y la selección del casi medio centenar de colaboradores que participan en la publicación. Un conjunto de voces que no siempre suenan igual aunque, como señala el prologuista, el resultado sea una “polifonía armónica” enriquecida por matices muy variados.

El libro parte del reconocimiento de una extendida opinión que parece coincidir en el rechazo del concepto de nación española o, cuando menos, en la reducción de su importancia y su densidad histórica. Se trata de una opinión que, a poco que se profundice en ella, parece derivar de una apresurada identificación de la idea de España con el periodo de la dictadura franquista. De ahí la resistencia de algunos a utilizar la palabra España, que quieren sustituir con el inefable concepto de Estado español.

En el terreno de los historiadores las posturas se han dividido entre los llamados “modernistas”, que remiten el nacimiento de la nación española a los años de la guerra de la Independencia y de formulación del proyecto liberal de estado y, de otra parte, los “perennialistas”, que encuentran las raíces de la nación española en épocas mucho más tempranas, como puede ser el largo periodo de la Reconquista.

Se podría decir que el volumen que nos ocupa está decididamente al margen de los planteamientos modernistas, aunque rehuye también un perennialismo radical, que algunos tildarían de esencialismo, cuando no de puro patrioterismo trasnochado. El libro se abre con los estudios que rastrean la conciencia nacional desde supuestos orígenes mitológicos (Álvarez Junco), pasando por la idea de España en tiempos medievales o en los siglos de la Monarquía hispánica, en manos de especialistas de esos periodos.

Será, sin embargo, en tiempos de la Ilustración del siglo XVIII, cuando aparezca maduro un concepto de nación, entendida como “comunidad cultural y moral”. En esos años se despliega un verdadero discurso patriótico en cuya elaboración figuran hombres como Forner y Cadalso. Tal vez ese patriotismo de los ilustrados no sea suficiente para hablar de un nacionalismo español en el XVIII pero, como dijera Pierre Vilar, España estuvo muy cerca del Estado Nación en ese siglo.

Mucho más claro estaría ese nacionalismo en la propuesta de los liberales de la primera mitad del siglo XIX, herederos de aquel patriotismo ilustrado y, en un plano más próximo, de los mismos afrancesados que hicieron de puente entre los planteamientos revolucionarios de origen francés y la construcción del Estado liberal moderado de la primera mitad del siglo XIX español. Existiría, por lo tanto, un verdadero nacionalismo liberal español que se manifestaría pujante en todo aquel siglo y se encarnó, de una forma especial en los hombres que estuvieron cercanos al proyecto de la Institución Libre de Enseñanza. Ellos aportarían a ese proyecto el firme convencimiento en la dignidad de todos los individuos, un profundo sentido ético en el manejo de los caudales públicos y un verdadero patriotismo crítico, transido de amor a España y empeñado, como dijera Cacho Viu, en dotar al país de una verdadera moral social a través de empresas pedagógicas de gran alcance.

Los verdaderos herederos de ese patriotismo español, serían los hombres de la generación de 1914, inspirados por Ortega y Gasset, verdadero líder intergeneracional en la España del primer tercio del siglo XX. El detallado conocimiento de España de los hombres del 98 -bien patente en Azorín- se pondría así al servicio, como ha dicho Varela Ortega, de un verdadero patriotismo universalista que contrastaba con las propuestas de nacionalismo estrecho, que aparecían como alternativas. En esta poliédrica visión del nacionalismo español que el libro nos ofrece, tiene también un interés especial la perspectiva periférica desde los territorios en los que fue más o menos viva una conciencia nacional alternativa. A propósito de esa situación, Ángel Duarte nos habla de un nacionalismo catalán relativamente tardío, mientras que ha subrayado la importancia, en esa parte de España, de un auténtico patriotismo provincial que les llevaría sumarse a empresas de verdadero carácter nacional como la guerra de África, en 1860, o la lucha contra la sublevación cubana a partir de 1869.

El libro dedica, finalmente, una serie de estudios a la proyección exterior del nacionalismo español, con una atención muy especial a la proyección de éste en los países de la América española y a la proyección, en esa parte del mundo, del exilio republicano de 1939 (Mainer).

La proyección sobre las tierras americanas sería muy anterior al exilio provocado por la guerra civil y alcanzaría también a los países de América del Norte, como demostraría la presencia de Federico de Onís en la universidad de Columbia a partir de 1916. Allí se recuperaría la noción de las “Españas” y maduraría un ambiente cultural del que participarían Américo Castro, Pedro Salinas o Jorge Guillén, aparte de brindar la ocasión para algunas de las mejores páginas poéticas de García Lorca.

No deja de resultar un pequeño guiño historiográfico que una visión tan completa del nacionalismo español se haya editado en Barcelona, evocando quizás los viejos tiempos en que la ciudad catalana era indiscutida capital de España. Se trata, además, de una edición primorosa por el cuidado de los textos y por el enorme esfuerzo que suponen las más de trescientas páginas de aparato crítico que forman parte del volumen.

En definitiva, una verdadera joya bibliográfica e historiográfica que, además, aparece en un momento en el que el debate sobre el nacionalismo es tan vivo.




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