GUILLERMO CARNERO | Publicado el 07/06/2000 | Ver el número en PDF
Pocas veces tiene el lector de novedades la ocasión de tropezar con un libro de tanta calidad como éste ostenta en sus mejores páginas. Poder dar la enhorabuena a un autor, con verdad y desinterés, es la mayor satisfacción entre las que el ejercicio de la crítica puede conllevar. Lo es, sobre todo, cuando ese placer, que es un deber gustoso, se impone por el mérito de un texto limpio de los prejuicios que son siempre los juicios previos sobre quien lo firma y su trayectoria. No creo haber tropezado hasta ahora con el nombre de Jordi Doce ni con los dos libros que ya tiene publicados, en 1994 y 1997; pero tengo la seguridad de que merece que se mantenga sobre él una llamada de atención y de justificada esperanza.