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revista de libros


Edición impresa |  LIBROS

La España del tebeo

Antonio Altarriba

Espasa. Madrid, 2001.472 páginas, 3.200 pesetas

  • Resultados:

 | Publicado el 02/01/2002

A lo largo de los años ochenta, Antonio Altarriba fue uno de los críticos más comprometidos con la aparición de una nueva historieta y, lo que es más importante, con la necesidad de aplicar al examen del lenguaje de la misma nuevos parámetros de investigación. Fruto de todo aquel empeño fueron su tesis doctoral (La narración figurativa, 1981), la creación de la revista teórica “Neuróptica”, y la publicación del libro Comicsarías (en colaboración con Antoni Remesar). Como lo fue también su actividad ocasional como guionista, que nunca ha dejado de lado. De hecho, en este momento trabaja en un original proyecto de traslación al medio de algunas de las principales preocupaciones de Georges Bataille sobre el estrecho vínculo entre la sexualidad y la muerte.

ero es el caso que, después de un tiempo de relativo apartamiento del campo del análisis (y digo relativo porque, dentro del ámbito universitario, ha proseguido con sus investigaciones), aparece este interesante libro que repasa, mediante una casuística bastante original, el devenir del tebeo español desde el final de nuestra guerra civil hasta la conclusión del pasado milenio.

A lo largo de los sesenta años a examen, asistimos a la recuperación del medio tras el trauma bélico, su eclosión como medio de masas (en donde hay tebeos que alcanzarían el millón de ejemplares al mes), sus posteriores crisis cíclicas, y, finalmente, cierta sensación de vértigo, la misma que poseemos hoy en día, producida por el hecho de que siguen apareciendo importantes contribuciones para la vindicación de su categoría mediática, pero demasiado circunscritas a círculos minoritarios y al esfuerzo de los no siempre bien llamados “editores independientes”.

Altarriba se detiene en los personajes más emblemáticos de todo ese período, no necesariamente los mejores, para demostrar la retroalimentación que se produjo entre la temática de nuestras historietas y el devenir de un país que, por momentos, y si hacemos cierta abstracción de sus ribetes trágicos, tuvo la apariencia de ser “una nación de tebeo”. A ratos, incluso, se puede llegar a tener la sensación de que el estudioso defendiera la tesis de que la condición esperpéntica del país hizo posible el apogeo del tebeo, de modo y manera que, tras la muerte del dictador, y la consiguiente recuperación de las libertades, fuese inevitable el que la historieta entonara cierto canto del cisne. La falta de ejercicio como medio adulto, atenazado como estuvo por una rígida censura, le impidió asumir esa condición de forma no traumática cuando el contexto finalmente lo hizo posible.

Para seguir esa secuencia de los hechos, Altarriba establece distintos campos temáticos -con títulos como “La desgracia es cosa de dos”, “La familia es un incordio”, o “El milagro tiene un límite”, por ejemplo- a partir de los cuales escudriñar los estereotipos más reiterativos, y por tanto los dotados de un mayor significación. Y, a la luz de sus puntualizaciones, va cobrando cuerpo el dibujo de una malla de convenciones a la que casi ningún creador pudo sustraerse.

No es este, sensu strictu, el libro de un historiador de la historieta, territorio en el que es dificil adentrarse sin evitar la comparación con las obras de Antonio Martín. Pero, desde su condición de ensayo transversal, hace también historia y propone nuevos argumentos para el debate sobre las pautas de comportamiento de aquellos modelos con los que varias generaciones se familiarizaron a través del papel impreso. Y, lo que al menos a mí me ha producido una gran satisfacción, es uno de los ensayos mejor escritos sobre este medio, en el que la escritura fluye con tal brillantez y amenidad, que a ratos uno se olvida de su importante condición de obra científica.





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