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Islam y libertad. El malentendido histórico

Mohamed Charfi

Traducción de Daniele Grammatico. Almed. Granada, 2001. 236 páginas, 15’63 euros

VÍCTOR MORALES LEZCANO | 30/01/2002 |  Edición impresa


Peregrinos junto a la Kaaba en La Meca

Pocas obras reúnen las características del ensayo respetable y atractivo que posee Islam y libertad. Su autor, un distinguido intelectual de academia del Túnez de la segunda mitad del siglo XX ha sabido presentar al gran público una síntesis del tema, candente donde los haya, del desajuste de la ortodoxia islámica a los tiempos modernos.

Mohamed Charfi, que fuera ministro de educación de Túnez en los años del primer pos-burguibismo (1989-1994) y presidente de la liga tunecina de Derechos del Hombre, subraya con el subtítulo a su obra la intención reveladora que le ha movido a entablar la disección del problema: “nuestro mayor problema”, afirma el autor, refiriéndose al mundo musulmán, “el poderoso freno que impide nuestra emancipación y nuestro desarrollo es que estamos encadenados a nuestro pasado. él es nuestra prisión colectiva. Para los musulmanes, no habrá desarrollo sin libertad y no habrá libertad y no habrá libertad si no nos liberamos de nuestra histórica prisión”.

Más que hacer una historia clásica de las nociones del derecho, del estado, del poder político y del pensamiento islámicos, el profesor Charfi ha preferido la técnica de análisis estructural, en contemplación diacrónica. O sea, antes y después de la muerte del Profeta: antes y después de la abolición del califato por Kemal Ataturk en 1924: antes y después del acceso de los países del Norte de áfrica y Oriente Medio a la independencia.

De esta manera, resalta todo el tiempo el autor cómo la petrificación jurídica y jurisprudencial, política y cultural del mundo musulmán a partir de la sharia y de su celosa observancia secular, está en los orígenes del integrismo que se abate con fuerza sobre las sociedades islámicas en vías de modernización inacabada.

Tres son los terrenos en los que incide -según Mohamed Charfi- la observancia estricta de la sharia, tan celosamante custodiada por los ulemas o doctores coránicos, el de la presunta superioridad del hombre sobre la mujer en principio; el del creyente musulmán sobre el sujeto que no practica la religión de El Profeta, en segundo lugar; y, finalmente, el de la persona libre sobre la que ha nacido en régimen de esclavitud.

En lenguaje claro y con refutaciones bien hilvanadas, Charfi desmonta estas creencias de base musulmano-ortodoxas al arrojar la luz que confiere a todo análisis el perspectivismo histórico y la cultura sólida. El Islam, dice el autor repetidamente al lector, sea o no musulmán, es como toda religión, un fenómeno humano, histórico: la perpetuidad y vigencia de su legado se demostrará en tanto en cuanto despliegue una sabia ductilidad frente al desafío de la modernidad. De lo contrario, los “guardianes” de la ortodoxia se verán forzados a sobrevivir en una suerte de lecho de Procuesto, asediados por la evolución de las costumbres, de las ciencias y de las artes; y defendiéndose de aquélla mediante la denuncia del recurso a la apostasía por los infractores de la ley sagrada.

Mohamed Charfi abunda en las páginas de este ensayo, repleto de clarividencia, en ejemplos atinentes a la historia de Túnez. Así, la contraposición entre la universidad de corte coránico (Zituna) y el colegio aperturista por antonomasia (Sadiki), ejemplifica la tensión existente en el seno del mundo musulmán desde el siglo XIX. Túnez habría sido uno de los enclaves árabe-islámicos más avanzados en la hora de la transición del pasado colonial a la independencia. Ello no le habría inmunizado del todo de la sintomatología integrista, de la que Gannuchi ha sido su portavoz más notorio.

Sin dejar de reconocer que el código religioso de El Corán y de no pocos hádices (relatos tradicionales de costumbres y normas “proféticas”) supusieron un salto cualitativo considerable con respecto de la moral pagana y judeo-cristiana misma, Charfi no ceja, sin embargo, en subrayar cómo las sociedades musulmanas están pagando un censo a perpetuidad (por anacrónicos), que provoca en muchas capas de la población de los países islámicos un malestar profundo. éste arranca del desajuste entre el cúmulo de enseñanzas transmitidas en la infancia y adolescencia, y el descubrimiento posterior de que el mundo en torno -por no hablar del universo exterior- se rige por unos patrones, y hasta principios, que no coinciden con las enseñanzas que dispensa la ortodoxia religiosa clásica.

El capítulo final de Islam y Libertad está consagrado a la necesidad de reformar la enseñanza primaria, media y universitaria en el mundo musulmán. “El nacimiento del movimiento integrista es el producto de un divorcio entre la sociedad y su escuela”, afirma Mohamed Charfi. “La crisis perdurará hasta que se remedie esta peligrosa disfunción”.




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