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revista de libros


Edición impresa |  LIBROS

Galería de borrachos

Eduardo Chamorro

Península. Barcelona, 2002. 139 páginas, 13 euros

  • Resultados:

Román PIÑA | Publicado el 19/06/2002

Incumpliendo las contraindicaciones del autor de este manual de borrachos, sometí al juicio de un grupo de adolescentes varias páginas. “Se le va la olla”, fue el veredicto que mereció Eduardo Chamorro, que ha tenido el acierto de escribir unas memorias de buen bebedor completamente bebido.

He de confesar que una moza se ruborizó al identificarse con esa clase de damas que, según Chamorro, beben malvasía y gustan de prácticas sádicas y “gruesas velas olorosas” para iluminar sus arrebatos. Tan curtido en el arte de darle al frasco, Eduardo Chamorro deja poco margen a los caballeros que se presten a beber y no lleven camisas de seda en verano o estén suscritos a la Revista de Occidente.

Teniendo en cuenta que “el hombre viene de un arma”, es decir, que venimos de un mono que tomó un húmero de antílope para abrirle la cabeza a un babuino, hemos de reconocer que el corrosivo Chamorro expone su vitriólica teoría de la condición humana con mucho humor. Algunas mujeres no le perdonarán que patrimonialice la afición a la bebida (las damas no se emborrachan bien) o que las defina como “el peor enemigo” del hombre.

Borracho o no, el libro parece estar escrito en estado de gracia. La historia del hombre que traspuesto por el vodka se puso a hablar en el griego de Homero, o la de la cabeza cortada del bandido Joaquín Murrieta dan una idea del exotismo de los gustos del autor, y de su gran facilidad para divertirnos. Se inventa Chamorro, o estira en su imaginación, anécdotas sobre personajes históricos que no hubiesen tenido su lugar en nuestra memoria sin el alcohol: Rodrigo de Triana (al divisar tierra para Colón), Atila, Morgan el pirata. Y hace su propia selección de artistas que brillaron estrechamente unidos a la bebida: Rossetti, Swinburne, Lowry, Dylan Thomas.

Uno termina el libro más convencido de que no sabe beber que cuando lo empieza. O de que no puede. Beber bien, como enseña Chamorro, es un arte vinculado al de vivir bien, y eso implica una serie de lujos, de hábitos diarios y fetiches reservados a muy pocos: soledad, sosiego espiritual y una cierta inclinación a la filosofía. Algo tan difícil de encontrar como una botella de Laphroaig.





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Eduardo Chamorro. Foto: Carlos Barajas