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El Anticristo. Un alegato moral contra la barbarie

Joseph Roth

Trad. J.L. Gil. Prol. I. Vidal-Foch. Península, 2002. 155 págs., 18 euros

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Enrique OCAÑA | Publicado el 03/07/2002 |  Ver el número en PDF

Moses Joseph Roth nació en la Galitzia austriaca en 1894 en el seno de una familia judía y murió en 1939 en la ciudad de París. Entre ambas fechas, Roth conoció tanto el éxito como periodista y novelista de gran renombre cuanto el fracaso y la pérdida como judío apátrida hundido en la miseria.

Como en el caso de Walter Benjamin, su vida es una fuga sin fin a lo largo de Europa, acosado por el antisemitismo del III Reich, tras perder el amparo de naturaleza supranacional que desde su infancia le había ofrecido el Imperio Austrohungaro, antes de su disolución en un caos de nacionalismos hostiles. Sus grandes novelas y relatos como Huida sin fin (1927), Job (1929), La marcha Radetzky (1932) y sus ensayos periodísticos como Judíos por el mundo (1927) ofrecen un testimonio de la decadencia del Imperio Austrohungaro tras la Gran Guerra.

Desde un punto de vista literario, El Anticristo (1934) es una obra que incluye tanto el ensayo y el relato como la parábola y el reportaje periodístico. Puede leerse también como una autobiografía apenas celada. A pesar de su título, la crítica al progreso y a la técnica que propone se encuentra más cerca de Leon Bloy que de Nietzsche. Desde un punto de vista político, comprende tanto el primer Roth crítico y apátrida, afin a las ideas socialistas, como el Roth conservador y católico de última hora. Tal vez, lo más problemático de este fascinante libro sea su recurso a la figura teológica del Anticristo como artificio para demonizar fenómenos ciertamente criticables: el militarismo, el pacifismo abstracto, el racismo, el colonialismo, el capitalismo salvaje, la revolución comunista, el nacionalsocialismo, pero también otros fenómenos modernos ante los cuales Roth muestra cierta incomprensión, como el cine y la metrópoli moderna con sus utopías arquitectónicas de cristal y acero. El Anticristo de Roth, entendido como un poder mendaz y maligno que profana lo sagrado, tergiversa lo recto y afea lo bello, se caracteriza por cegar y confundir lo real con lo aparente, el bien con el mal, por ocultar tras las más variadas utopías salvíficas y filantrópicas proyectos de barbarie y destrucción. A su juicio, el Maligno puede ocultarse tanto en la Iglesia católica que firma concordatos con los Estados fascistas como en movimientos sionistas que predican el resentimiento y el victimismo: “Cuando el ser humano es perseguido por el odio y la desgracia no mejora sino que se vuelve todavía peor”. Sin embargo, Roth tampoco se deja seducir por la tentación a la que le somete el falso justo, cuando este le recomienda reconciliarse con el enemigo mediante la máxima “comprenderlo todo significa perdonarlo todo”.Tras su lectura, fluida gracias a la traducción de José Luis Gil, el lector comprobará que Roth no se puede reducir a la figura de cronista de la vieja Austria, sino que todavía conserva su potencial mordaz y crítico, vigente en muchos aspectos para nuestra época.





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