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El bien, el mal y la razón

Leon Olivé

Paidós. Barcelona, 2002. 214 páginas, 13’30 euros

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JOSÉ JAVIER ETAYO | Publicado el 03/10/2002 |  Ver el número en PDF

Una cuestión que arrastra un largo debate y hoy se presenta en forma acuciante es la de las relaciones entre la ciencia y la moral. No falta, en efecto, quien achaque al desarrollo incontrolado de la ciencia efectos perversos y hasta devastadores para el porvenir de la vida en la Tierra. La ciencia, se dice, ha producido grandes progresos que han repercutido de modo espectacular en el bienestar del hombre pero al mismo tiempo traen también como secuelas ataques a la naturaleza, a la organización humana y, en último término, a la misma supervivencia. La energía atómica, la emisión de gases, la ingeniería genética, tantos y tantos componentes o resultados de la investigación científica y la subsiguiente tecnología ponen un acento de temor en quien contempla el panorama actual. ¿Debe hacerse a la ciencia responsable de estas desviaciones? Parece claro que si consideraciones de este tipo hubieran limitado en un pasado su desarrollo jamás habríamos alcanzado las cotas de calidad de vida a que una parte al menos de la humanidad ha llegado. También se piensa que la ciencia como tal no se plantea la suerte de consecuencias que sus descubrimientos pueden acarrear: sólo quiere conocer el mundo natural e incidir acaso en él pero no entra en la bondad de los fines a que otros pueden dedicar aquellos conocimientos. Contra esto se arguye que la ciencia no sólo provee de medios sino que a veces también persigue determinados fines y que medios y fines han de ser examinados a la luz de unos valores que trascienden a la misma ciencia.

He aquí el problema que el autor analiza dando entrada a posturas y argumentos de distintas procedencias, sin hurtar su propio criterio con algunas de cuyas conclusiones podrá estar o no de acuerdo el lector; pero sí suficientemente informado. Este es el núcleo central del libro al que se accede tras una primera parte destinada a delimitar el concepto de ciencia, y a considerar la imagen pública que de ella da la comunicación. Le sigue una parte final que aborda problemas metodológicos y epistemológicos y en la que el autor se decanta por un pluralismo científico muy definido.

Tema siempre presente éste de los aspectos cognitivo y ético de la ciencia o, perfilando mejor, entre la razón y la ciencia natural y la otra ciencia, la moral, la “ciencia del bien y del mal”. Que una armoniosa conciliación entre ellas nos libre de ser expulsados de nuestro paraíso.





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