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No sólo Hitler

Robert Gellately

Trad. de Teófilo de Lozoya. Crítica, 2002. 450 páginas, 30 euros

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César VIDAL | Publicado el 16/01/2003 |  Ver el número en PDF

Las razones del triunfo de Hitler, de su permanencia en el poder y del respaldo que él y su régimen consiguieron constituyen uno de los temas de estudio más atractivos en lo que a la Historia del siglo pasado se refiere.

El libro de Gellately constituye uno de los grandes aportes sobre la historia del nazismo y, quizás, el estudio más agudo e inteligente sobre el mismo publicado los últimos diez años. ¿Cuáles fueron, a juicio del autor, las razones del triunfo de Hitler? La primera, el rechazo que la república de Weimar había creado entre la población alemana. A décadas de distancia, tendemos a idealizar aquel período pero millones de alemanes lo vivieron como una época convulsa en la que el Partido Comunista ansiaba desencadenar una revolución similar a la bolchevique, los socialdemócratas se radicalizaban con un rumbo utópico y nada democrático y las derechas soñaban con restaurar la monarquía o implantar algún régimen autoritario. A eso se sumó el paro, la inflación, la delincuencia y las humillaciones procedentes de las potencias extranjeras.

La llegada de Hitler al poder podría haber sido breve de no haber logrado fulminantes éxitos en todos esos terrenos y ahí radica en buena medida la razón del consenso social recibido. De entrada, cada paso que dio desde la cancillería del Reich fue pensado meticulosamente. Esa prudencia explica que las primeras medidas contra los judíos no se produjeran antes de dos años de alcanzar el poder y que la primera explosión masiva de violencia aún esperara algunos años más. Mientras, el paro había desaparecido, la economía se había estabilizado y la delincuencia había disminuido. Con los bombardeos masivos de los aliados y la sensación creciente de que Alemania defendía sus logros, Hitler siguió manteniendo un enorme consenso social que no veía mal ni siquiera el Holocausto porque estaba convencida de la existencia de una conspiración judía mundial contra Alemania. Ese apoyo se quebró en los últimos meses de la guerra, cuando los aliados hollaron el suelo del Reich. Sólo entonces la población se sintió desvinculada de Hitler.

El libro de Gellately no muestra -y eso es lo más sobrecogedor- una nación de asesinos perversos y antisemitas. En realidad, enfoca la cuestión en sus justos términos: el fracaso de una democracia a causa de unas izquierdas escasamente democráticas y unas derechas carentes de pragmatismo o autoritarias. Ese fracaso se tradujo en crisis económica, relajación de las costumbres y desempleo, algo que a la inmensa mayoría de los alemanes les causaba espanto. Apoyado en ese malestar, Hitler llegó al poder pero debió a sus éxitos el mantenerse y, sobre todo, el ir dando astutamente paso tras paso en una política que llevaba a los planes de eutanasia, a la guerra y a las cámaras de gas. Cuando Alemania se dio cuenta de lo que sucedía, siguió mirando hacia otro lado o lo apoyó porque no veía alternativas o porque creía en el éxito final. Las consecuencias son conocidas de todos.





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