Ricardo SENABRE | Publicado el 13/02/2003 | Ver el número en PDF
Es reconfortante comprobar cómo algunos escritores que se acercan al umbral de la senectud después de una larga y fecunda trayectoria no tiran la toalla, no recurren al fácil expediente de utilizar su ya probado oficio para ofrecer productos insustanciales, amparados por la merecida notoriedad que su obra les ha proporcionado, sino que, con ejemplar fidelidad, mantienen el mismo empeño creador, la misma aspiración al rigor y los mismos principios estéticos que presidieron su carrera.