El Cultural
El Mundo
  Búsqueda avanzada
Comparte: Imprimir Imprimir
Enviar a un amigo Enviar a un amigo
Compartir en Facebook Facebook
Compartir en Twitter Twitter
Compartir en Meneame Menéame

revista de libros


Edición impresa |  LIBROS

La vida caprichosa

Antonio Fernández-Molina

Libros del Innombrable. Zaragoza, 2003. 190 páginas, 13 euros

  • Resultados:

Santos SANZ VILLANUEVA | Publicado el 18/12/2003

El poeta, pintor y prosista Antonio F. Molina padece el destino que aguarda a los autores de vanguardia: ocupa un lugar periférico en la sociedad literaria, conocido sólo de unos pocos que admiran su radical creatividad.

Nacido en 1927, pertenece a la misma promoción de los escritores sociales, pero su apuesta fue en la línea contraria al realismo. A. F. Molina entronca con el afán renovador del grupo postista, con el expresionismo, Kafka y el Valle de los esperpentos, con lo absurdo, lo onírico y lo surreal. Como narrador tuvo su mejor momento en la década final del franquismo. Una novela suya muy rupturista, Solo de trompeta, de 1965, fue una de las más notables de aquellos años de ajetreadas innovaciones.

Esta actitud experimental la ha volcado Fernández Molina en cuentos, relatos y novelas olvidados. Por eso es muy oportuno este libro, La vida caprichosa, que contiene una muestra representativa de su prosa breve. Hay piezas, predecesoras de los hoy jaleados microrrelatos, cuya mínima extensión funciona muy bien porque al destello metafórico o a la revelación onírica les basta con esa medida. Alguna otra tiene un trazado más narrativo.

Esta prosa poética y revulsiva se puebla con imágenes, greguerías ramonianas y paradojas, y transmite una impresión bastante inquietante de la existencia. En Cejunta, un espacio imaginario que funciona como el reverso de nuestras convenciones urbanas, “cada vez que una mujer aplica sus labios sobre la piel de un macho le arranca un pedazo de carne”. En otras ocasiones, el orden natural del mundo se trastoca: en uno de los textos, la lluvia cae hacia arriba, y en otro lo que llueve son paraguas. No falta el misterio, el terror. También surge el problema de la identidad, representado por la figura del doble. Y al afán de trascendencia se le aplica un enfoque burlesco: ser inmortal resulta tan aburrido que se impone la búsqueda de un medio que haga mortales a los inmortales. Estos telegráficos apuntes de los imprevisibles contenidos del libro sirven para mostrar el fervoroso cultivo de una voluntad imaginativa absoluta. Tiene Molina en ello notables aciertos inventivos, admira con algunas sorpresas anecdóticas, resuelve la leve trama con ingenio, se dispara hacia un humorismo dislocado e intelectual.

Todos estos elementos van más lejos del simple juego inteligente y disparatado. Bajo ellos fluye un principio de inconformismo y rebeldía. Un subterráneo nihilismo los atraviesa. El autor reniega del racionalismo y apuesta por descubrir otra realidad distinta a la elaborada por la lógica y la percibida por los sentidos. Su mérito consiste en cuestionar tantas rutinarias certezas y rebajar los humos a la pretenciosa especie humana: en abrirnos los ojos con un constante juego metafórico, imaginativo y mental. Todo ello se ve en esta antología, una oportuna llamada de atención sobre este marginal e interesante narrador.





Blogs, concursos y debates.


participa
La papelera por Juan Palomo
Una humilde propuesta
participa
El Incomodador por Juan Sardá
Los YoGA o lo peor del año
participa
La columna de aire por Abel Hernández
Mapa sonoro es necesario, la tele no
participa
To be continued... por Carlos Reviriego
Laura Dern, iluminada y bipolar
participa
participa
Tengo una cita por Manuel Hidalgo
El irracionalismo de la Razón
participa
Rima interna por Martín López-Vega
Gabriel Celaya: Nada es el mar sin hombre que lo nade
participa
Ondas de Choque por José Luis de Vicente
Eduardo Kac, el arte de la quimera
participa
Esceptrum por Antonio Fernández Ruiz
Adiós a la pasión. Gracias, Steve.

Antonio Fernández-Molina. Foto: Carlos Cortés