Román PIÑA | Publicado el 04/04/2001 | Ver el número en PDF
Han coincidido Richard Bernstein en su columna del New York Times y Caleb Carr en recomendar la lectura de Rumbo a Tartaria a los líderes de Occidente, y muy especialmente a George W. Bush, quien no podría hacer nada mejor para preparar su política exterior. Kaplan es autor del ya clásico Fantasmas balcánicos, y ha mostrado un olfato prodigioso como augur en su Viaje al futuro del Imperio. Hace décadas que deambula por las regiones menos transitadas del planeta, de modo que hay que dar crédito a sus diagnósticos, tras los cuales hay un profundo conocimiento de la Historia y un trabajo ímprobo de observador y viajero. En este nuevo viaje ha recorrido la extensión que va desde Hungría hasta el golfo de Adén y el mar Caspio, concluyendo en Próximo Oriente (región conocida por los isabelinos ingleses cono Tartaria) y el Cáucaso. Pero no es un viaje de placer. Kaplan ve en esa amplia región la nueva falla entre Este y Oeste: Lo que fue Vietnam en los 60 y 70 podría serlo el área del mar Caspio en la primera década del nuevo siglo. Colaborador de la revista The Atlantic Monthly, autor de best-sellers de viajes, Kaplan se mueve por la cartografía con la pureza de los viajeros vagabundos.