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Mercedes Salisachs

“No tengo nada que perdonar a mis críticos; al silencio, sí”

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NURIA AZANCOT | Publicado el 17/06/2004

Mercedes Salisachs (1916), que presume de ser “la más veterana de las veteranas escritoras”, presenta hoy El último laberinto (Planeta), premio Fernando Lara de novela. A pesar del pesimismo que nubla algunas respuestas, está feliz porque “vuelve a casa por la puerta grande”. Su casa es Planeta desde La gangrena (1975), a pesar de su paso por Plaza y Ediciones B. Reniega de las camarillas y de la crítica “que lee al bies”. Y ya piensa en la próxima novela.


Pregunta: Con casi noventa años acaba de obtener el premio Fernando Lara... ¿es la más joven de nuestros autores veteranos, o la más veterana de los jóvenes?
Respuesta: Creo que soy la escritora en activo más veterana de las veteranas.
P: Qué aporta El último laberinto a su carrera literaria?
R: Salir de un pozo.
P: De nuevo vuelve en esta novela a escribir sobre la necesidad de perdonar... ¿tiene mucho que perdonar a sus críticos?
R: A mis críticos no: al silencio, sí.
P: ¿Qué sería incapaz de perdonar a un editor?
R: Yo perdono todo.
P: Y a otro escritor, ¿qué le perdonaría siempre?
R: Todo, menos que me aburriera leyéndolo.
P: Su novela es una reflexión sobre las falsas apariencias... ¿Cómo se distingue la verdad entre todas las mentiras que rodean hoy el mundo literario español?
R: Por las personas que dan incienso sin motivo.
P: ¿Cuál (o quién) ha sido la mayor decepción como escritora de su vida?
R: Yo misma.
P: ¿Por qué todavía hay quien cree que es una rica catalana que escribe como capricho o diversión?
R: Los sambenitos son implacables. Si los que creen eso leyeran mis obras, acaso cambiarían de opinión.
P: Hablando de apariencias, ¿utiliza mucho el metro, como el protagonista de la novela?
R: No suelo salir mucho de casa.
P: En el libro hay un caso de pederastia, drogas... ¿no hubiera sido más fácil hablar de algo más amable?
R: También sería más fácil no hablar de nada. Pero escribir es luchar. Y la lucha siempre es difícil.
P: ¿Qué ha tenido que sacrificar para escribir más de treinta novelas?
R: Silencios, miedos, esfuerzos, incomprensiones y muchas horas de trabajo.
P: ¿A qué no hubiera renunciado jamás por su familia?
R: A mi fe.
P: ¿Por qué?
R: Porque ella me salva de todo.
P: En El último laberinto habla del sufrimiento de quienes viven “en las cavernas de la vida” ¿no se trata a menudo de un encierro voluntario?
R: Casi siempre la imponen las fuerzas ajenas.
P: ¿El dolor es un buen recurso literario?
R: El dolor sirve para escribir. Lo que impide escribir son los problemas.
P: ¿Y la literatura puede ayudar a superarlo, a combatir los remordimientos o la soledad?
R: Sobre todo ayuda a reflexionar.
P: ¿En qué libro, en qué autor se refugia usted en sus peores momentos?
R: En José María Cabodevilla.
P: Dice que no es más conocida porque no pertenece a camarillas... ¿es el precio de la libertad?
R: Es el precio del desprecio.
P: ¿Qué hubiera estado dispuesta a hacer para que todos sus libros se vendieran y leyeran como La gangrena?
R: Lo que he hecho: trabajar mucho.
P: En La palabra escrita (noviembre de 2003) asegura que los premios sirven a autores inéditos con talento... ¿qué le añade este premio a su carrera?
R: Volver a mi casa literaria por la puerta grande.
P: ¿Y usted al premio?
R: Acaso que la gente reflexione y perdone a sus deudores.
P: ¿Cómo se cura la adicción a los premios, si es que se cura?
R: Yo no he sido una enferma de adicciones. He sido una adicta a la salud literaria.
P: El premio supone, ante todo, su regreso a Planeta... ¿por qué dejó la editorial?
R: Porque tuve mejores opciones.
P: ¿El último laberinto es un reencuentro con ese millón de lectores de La gangrena..?
R: Espero que al menos capte lectores que no estén muertos.
P: Hablando de La gangrena, ¿qué cambiaría de la novela si la reescribiera ahora?
R: Nada.
P: ¿Cómo le fue en Plaza & Janés, qué fue lo mejor y lo peor?
R: Lo mejor, el principio. Lo peor, los cambios.
P: ¿Y en Ediciones B?
R: Lo mismo.
P: ¿Cómo recuerda su experiencia como “negra” literaria?
R: Muy pesada.
P: ¿Y como autora plagiada?
R: Fue un plagio pequeño.
P: Antes hablaba del aburrimiento como lectora. ¿Como escritora, también es el peor pecado?
R: Al contrario. El aburrimiento es la gran herramienta para meditar.
P: ¿Y la pedantería, son los escritores españoles muy pretenciosos?
R: No lo sé. Yo no tengo motivos para ser presuntuosa.
P: ¿Y los críticos?
R: ¿Pero existen? Los que yo conozco leen al bies y se enteran del tema por la contraportada.





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