Edición impresa | MUSICA
GONZALO ALONSO | Publicado el 01/11/2000
¿Ustedes han sentido alguna vez la sensación de estar deseando que termine un disco, sin poder quitarlo del aparato? Eso es justo lo que produce el presente. Hace años existió una aficionada, de apellido Foster Jenkins, de quien se publicó un álbum titulado La gloria de la voz humana. Era un espanto, pero la buena señora daba conciertos en el Carnegie Hall, tenía dinero y un marido que la hacía creer que cantaba bien. Los aficionados acudían a reirse y la crítica escribía: Estuvo tan magistral como en ella es habitual 







