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Viernes, 29 de agosto de 2014
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José Antonio Campos

“La zarzuela es mucho mejor que los musicales”

La próxima semana comienza la temporada oficial del Teatro de la Zarzuela. Lo hará con la reposición de Los sobrinos del Capitán Grant de Fernández Caballero, en el montaje de Paco Mir que tanto éxito obtuviera en su estreno hace dos años. Con este motivo, El Cultural ha hablado con José Antonio Campos Borrego, que acaba de regresar a la dirección del Teatro.


LUIS G. IBERNI | 04/12/2003 |  Edición impresa


José Antonio Campos. Foto: Ricardo Cases

Cuando se comunicó la vuelta a la dirección del Teatro de la Zarzuela de José Antonio Campos, sustituyendo a Javier Casal, parecía que el tiempo le volvía a darle otra oportunidad a quien había sido el reformador de la actividad de este Teatro. Campos, hombre de la Administración, que ha pasado por la Expo, la Subdirección General de Música o la Vice-consejería de Cultura de la Comunidad de Madrid, regresa a la que él considera “su casa” con el plus de sus últimas experiencias.

Franco y muy comunicativo, considera que este Teatro es “una institución que tiene una historia y que está por encima de los que la dirigimos. Ahora debe convivir con el Real con una actuación complementaria. Al no ser la única casa lírica, podemos abrirnos a géneros muy distintos aunque la zarzuela por su propia naturaleza tenga un peso específico. Pero también ha de estar receptivo a la danza, al lied, consolidado en un ciclo relevante. Ha de cumplir la función que se da en otras ciudades donde conviven varios teatros, caso de Viena o París.

-Y el presupuesto ¿le da?
-Justito. La Zarzuela cuenta con los medios justos para hacer lo que hace. No conozco a ningún director que no se queje del dinero que le dan. Pero soy consciente de que tenemos que hacer lo máximo posible con el presupuesto disponible.

-¿Cómo se van a integrar las compañías de danza?
-El Ministerio tiene dos y lo lógico es que la Zarzuela sea su sede natural. Debemos darles periodos lo suficientemente amplios para que puedan mostrar su trabajo y sentirse cómodos. Mi preocupación es que tengan un carácter de regularidad, para que el público constate que su presencia no es anecdótica. Mi idea es que se quite esa imagen de que interfieren cuando lo que deben hacer es formar parte del tronco de la programación del teatro.

Vivir de rentas
-¿Qué claves tiene la programación de zarzuela?
-Con la veintena de títulos populares podríamos vivir de rentas. Pero hay que mirar a otro repertorio seleccionando aquellas obras que pueden suscitar el interés del público. Claro que Doña Francisquita, Luisa Fernanda o La del manojo de rosas son fundamentales, pero hay otras que por múltiples razones no se han puesto en pie. Todo ello, teniendo en cuenta las características del Teatro, que podemos llevar a cabo cuatro programas al año, que es donde se va el grueso de nuestra temporada. Hay que jugar con el título conocido, con la recuperación, con la renovación y la reposición. El asombro de Damasco, obra indudablemente popular, sorprendería cuántos años lleva sin programarse.

-Sin embargo, el número de programas, cuatro, parece corto.
-En este teatro no tiene sentido programar sólo para diez funciones. Hay un público numeroso que llenaría incluso más días de los que damos. Claro que el número de títulos puede parecer escaso, pero a la hora de la verdad, la demanda excede. Una obra como La del manojo de rosas que se incluye el próximo año podría estar en cartel dos meses sin problemas y todavía dejaría gente en la calle. Hay que pensar que tenemos unas infraestructuras muy limitadas, que para llevar a cabo un montaje se requiere tres semanas de preparación en las que hay que hacerlo todo en el teatro porque no tenemos salas de ensayos adecuadas. Si tuviera las que tiene el Real a lo mejor podríamos llegar a cinco programas. Pero con nuestras posibilidades, la cosa no da más de sí.

-En ciertos sectores la zarzuela goza de mala fama por lo que necesitaría abundar en un cambio de imagen.
-Parto de la base de que la zarzuela es teatro musical de hoy. No me lo planteo como un género muerto sino dirigido a un público actual y, como tal, influido por la dinámica social de nuestro tiempo. No se puede admitir como un espectáculo decadente o casposo, sino que siendo fieles al contenido musical debemos servirlo con una mirada viva, para lo que es imprescindible acudir a puestas en escena renovadoras. Mi obligación es interesar a esos directores de escena que puedan aportar una lectura avanzada sobre el valor de un texto musical.

-Plantea ciertas dificultades.
-Al ser un género mixto (hablado/cantado) arrastra un condicionante superior en el libreto. Sin embargo, entiendo que el género chico, quizá más que la zarzuela grande, se preste al acercamiento actual, como, de alguna manera, ya pasó en su tiempo. El valor de La verbena de la Paloma no está sólo en su calidad musical indiscutible, sino en el conflicto de intereses que plantea donde el público de ahora puede perfectamente verse reconocido. La zarzuela no es un género que está muerto ni tampoco es teatro de museo. Hay obras que tienen una increíble modernidad. Fíjese en La Gran Vía que es de una sorprendente actualidad ahora que se habla tanto de la revolución urbanística.

-El problema de los intérpretes es considerable.
-La zarzuela tiene la dificultad de ser teatro hablado y cantado. Por la experiencia sabemos que debemos acudir a voces nuevas, valores jóvenes, aún sabiendo que lo más probable es que si obtienen éxito se pasarán a la ópera porque ofrece un mercado mayor y otro tipo de exigencia. Estamos obligados a audicionar sistemáticamente pero lo tenemos asumido.

-¿Y en lo que se refiere a otros campos que quiere integrar?
-Tenemos un repertorio cercano como la opereta, tanto la vienesa propiamente, como aquellas obras españolas que lindan con ella. Y lo mismo valdría en el caso de la revista. Y ¿qué pasa con la zarzuela barroca? Es un género que tiene un gran valor y ahí está Nebra para demostrarlo. También mi preocupación es si la zarzuela resulta válida como creación de hoy y en qué medida los compositores vivos pueden sentirse interesados por ella. Ahí debemos arriesgarnos. El proyecto con Leonardo Balada que inició mi antecesor se llevará a cabo porque plantea un tipo de teatro musical perfectamente adecuado a nuestro modelo.

Zarzuela en concierto
-Y ¿la zarzuela en concierto?
-Es una opción que no desdeño pero que, de momento, no me planteo. Porque hay demasiadas obras cuyo valor está constatado. Ahí está el caso de Curro Vargas de Chapí. Es una obra excelente que se hizo con éxito a principios de los ochenta y que debemos volver a montarla. Y otro caso es La dueña de Gerhard que también me parece extraordinaria. Va pasando el tiempo y acumula años sin programarse. Son obras que están en el límite de la capacidad de este teatro y que pueden ser asumidas tanto en el Real como aquí.

-La dependencia administrativa del Teatro ¿resulta incómoda?
-Debemos encontrar una fórmula más adecuada a la vida de un teatro. Los procedimientos administrativos tienen la rigidez que tienen y un teatro necesita agilidad. Sería deseable un régimen especial. Pero no nos engañemos, a la hora de la verdad los problemas de convenios, sindicatos y demás se dan en todo tipo de fórmulas. La velocidad con que transcurre la dinámica de un teatro siempre va a ser más rápida que el modelo que se le imponga.

-Y su vínculo con el Real.
-Mi opinión es que en la situación actual es más fácil establecer líneas de colaboración que construir un mismo ente. Los colectivos no son homologables. Se habla con ligereza de la Fundación Teatro Lírico, pero la Zarzuela tiene sus colectivos con los que no se puede hacer tabla rasa.

-¿Cuál es la misión cultural de un Teatro como éste?
-Demostrar que es teatro lírico de primera. Que es tan bueno como pueda ser la ópera y mucho mejor que varios musicales que se presentan a todo trapo.




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